Por Lucas Rodríguez
10 octubre, 2019

El sobrepeso de Arbuckle no le permitía moverse. Por suerte, su nueva familia estuvo ahí para ayudarlo a volver a la normalidad.

Algo que las personas no reconocemos lo suficiente, es el poder que tenemos sobre la vida y las condiciones en las que esta se desarrolla de las mascotas que invitamos a compartir su existencia con nosotros. Al reemplazar sus instintos por la dependencia a nosotros (por muy suave y tierna que sea, es una verdadera dependencia), debemos estar conscientes de que este perro (porque seamos honestos, el gato puede cuidarse solo) nos necesita tanto o incluso más de lo que nosotros lo necesitamos.

Debemos cuidarlos como si fuera un hijo, esa frase no es solo algo que divertido que los dueños de perros suelen decir. Es una realidad. Una que los anteriores dueños de Arbuckle no se preocuparon de seguir. El pobre perro llegó a un tamaño que no era saludable pero él, ni tampoco agradable para sus dueños.

@allaboutarbuckle

Al ver que su perro ya no les inspiraba cariño y ternura, los dueños anteriores de Arbuckle decidieron que lo mejor que podían hacer era dejarlo fuera de sus existencias. Su decisión fue hacerlo de la manera más cruel posible. Teniendo en cuenta que fue encontrado por rescatistas al costado de una carretera, estamos dando por hecho que decidieron que la mejor manera que tenían de deshacerse de el perro era manejar hasta fuera de la ciudad y olvidarse de él. 

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La historia podría haber tenido un final prematuro y terrible, si no fuera por el tamaño del corazón de la persona que decidió que Arbuckle se merecía una segunda oportunidad. Fue una actriz llamada Jane Lynch quien vio al perro con serios problemas de obesidad y decidió que quería encargarse de devolverlo a su mejor forma. 

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El perro iba a requerir mucho cuidado y atención, una serie de cuidados médicos muy delicados para ver que perdiera peso de una manera saludable y que no fuera a significar un riesgo para su ya muy malogrado corazón. Con la ayuda de los veterinarios del refugio de Los Angeles,  A Purposeful Rescue, lograron que Arbuckles bajará muchísimo de peso. 

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A la larga, Arbuckle murió a los 9 años. Pero en su camino hasta el final, perdió muchísimo peso, volviendo a convertirse en un perro normal que los demás. Aun más importante que eso, vivió sus últimos años de vida bajo el alero de una familia que lo quería tanto, que decidió estar a su lado y guiarlo en su tratamiento. 

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Sin importar cuál haya sido su final, Arbuckle vivió una buena segunda mitad de su vida.

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