Por Daniela Morano
26 octubre, 2018

Si bien en Nepal desde 1973 que es ilegal explotar animales por dinero y/o entretención, Rangila continuó hasta fines del año pasado “bailando” para darle dinero a su dueño.

Antiguamente una de las principales atracciones durante el tiempo libre de las personas era dirigirse a un circo, donde no sólo veían a payasos o gente haciendo trucos de magia, sino que también animales demostrando “talentos”. Sorprendidos quedaron todos cuando comenzó a salir a la luz la verdad sobre estos animales. Eran maltratados y vivían en condiciones precarias, todo con tal de entretener al público.

Rangila, un oso bezudo, vivió ese maltrato durante 20 años de su vida. Cuando era tan sólo un cachorro, Rangila fue separado de su madre y vendido a una industria de entretenimiento en Nepal. Su entrenador perforó su nariz con una aguja caliente y ensartó una cuerda a través de ella. Con esta cuerda controlaba al oso para obligarlo a bailar en público para así ganar dinero.

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En diciembre del año 2017, por fin recibió ayuda.  Junto a una osa, Sridevi, eran famosos en Nepal por ser los últimos dos que aún eran obligados a bailar y entretener a costa de maltratos. Esto se hizo notorio pues utilizar animales con este fin ha sido ilegal en el país desde 1973.

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El equipo del Jane Goodall Institute de Nepal lograron rescatar a los dos osos y organizar su traslado hacia un santuario natural en la India gracias a la ayuda de Wildlife SOS. Pero nada salió como querían.

En vez de trasladarlos a un santuario, autoridades locales decidieron llevarlos al zoológico central en Jawalakhel, Nepal, el único del país y conocido por su falta de cuidado con los animales. Los osos fueron encerradas en jaulas enanas y exhibidas al público.

Wildlife SOS
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Lamentablemente, Sridevi falleció allí adentro pero Rangila aún tenía oportunidad de salir.

“Los videos que hemos visto confirman nuestros miedos. Está encerrado en una pequeñísima jaula sin comida y mostraba los típicos gestos de un animal que no está en buenas condiciones”, dijo Neil D’Cruze, experto en vida salvaje para World Animal Protection.

Entre él y varios voluntarios más trabajaron durante meses para liberar a Rangila, consiguiendo finalmente un permiso para llevarlo a un santuario en junio.

Wildlife SOS

Obviamente traumatizado por todo lo que había vivido, Rangila recibió ayuda para acostumbrarse a su nuevo hogar. Las primeras semanas sonidos normales del lugar lo alteraban pero de a poco comenzó a ceder.

“Ahora tiene una dieta nutritiva y los veterinarios están felices de informarnos que ha subido 10 kilos desde que llegó”.

Además, ahora juega como si fuese un niño. “Su favorita es la pelota, que está llena de manó y dátiles. También le gustan los troncos con miel, jugar en pozas de lodo, ¡y ser un oso normal otra vez!”.

Wildlife SOS
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Rangila lleva tres meses en el santuario y el equipo de expertos continúa ayudándolo. Por primera vez, Rangila espera con ansias el futuro.

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