¿Podrían ser las aves más nobles?

Los cuervos son aves que tienen curiosas habilidades que sólo se habían encontrado en mamíferos (y en un particular pescado): Son capaces de cooperar entre sí cuando hay confianza mutua. Es decir, los cuervos que han tenido un mal comportamiento, por ejemplo que han tomado más comida de la que debían, luego son rechazados por sus compañeros.

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Jennifer Russell

Para demostrarlo, el Dr. Jorg Massen, de la Universidad de Viena, realizó un simple experimento: Afuera de la jaula de dos cuervos, fue colocada una plataforma que contenía dos pedazos de queso. Desde la plataforma salían dos cuerdas conectadas por bucles, de manera que los cuervos podían jalarlas si cooperaban para obtener el sabroso premio.

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Sin embargo, la estructura del experimento requería que los dos cuervos jalaran las cuerdas a la vez para que funcionara. Si sólo uno de ellos tiraba, el queso no avanzaría.

El reporte científico dio los siguientes resultados: En 600 ensayos realizados con diversas combinaciones de cuervos, un 66,2% de las aves lograron cooperar para obtener el queso, ¿increíble, no?

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Jennifer Russell

A los cuervos les gusta realmente el queso, por lo que las aves más dominantes monopolizaban la plataforma, jalando solas. Entonces Massen repetía el experimento, emparejando a cada uno de los cuervos con otros que tuvieran más o menos iguales índices de dominancia, pero el éxito del experimento descendía, cooperaban menos.

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Isabella Salvatore

El científico se fue dando cuenta que el indicador del éxito iba relacionado con la tolerancia entre los individuos“: parejas de macho-hembra cooperaban más que las de macho-macho o hembra-hembra y las aves que estaban más alejadas en sus índices de dominancia, trabajaban mejor que los que se encontraban más cerca.

Pero lo más increíble del comportamiento de estas aves es lo siguiente: Cuando un cuervo hacía trampa y se comía los dos quesos rápidamente al acercarse la plataforma, el segundo cuervo comenzaba a desconfiar y dejaba de cooperar con su compañero, ya que no quería ser engañado nuevamente. “Una conducta así, antes sólo había sido vista en humanos o chimpancés”, señaló Massen en un comunicado.

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Coco

Además, aquellos cuervos que aprendían a engañar, en las segundas oportunidades se encontraban aún más propensos a ello, ¡habían aprendido algo más que jalar cuerdas! Y eso les traía unos cuantos beneficios…

Esto nos demuestra que en la vida salvaje hay mucha más inteligencia de la que creíamos.

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