Se siente tan segura, que juega todo el día con sus juguetes… sin temor a nada.

Hay un montón de animales salvajes que han sido alejados de sus hábitats y han tenido que soportar un montón de terribles situaciones solo por culpa del hombre. Bien sabe de eso Sapphire, una tigresa blanca que había sufrido en manos de su antiguo dueño junto a otros animales… hasta que Big Cat Rescue intervino.

Si bien la batalla legal duró cuatro años, ahora por fin la tigresa podrá estar a salvo.

Y sobre todo sentirse segura.

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Lo cierto… es que una vez que fue llevada al santuario -que ahora es su hogar- enseguida se sintió como en casa, y no pudo evitar impresionarse con su nuevo ambiente, que posee un montón de divertidos juguetes para ella.

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Por estos días se le suele ver disfrutando del espacio y rascándose la parte superior de su peluda cabeza en las ramas de un viejo árbol. Además suele perseguir unas enormes pelotas rojas y verdes que se adueñó como sus juguetes preferidos.

«Ella es una tigresa muy hiperactiva, siempre en movimiento y llena de energía», dijo a The Dodo Susan Bass, directora de relaciones públicas de BCR. «Siempre verifica lo que hacen sus vecinos tigres y los acosa… También ama su gran bola roja y se cubre con ella mientras trata de morderla. También le encanta chapotear en la piscina del recinto y sopla burbujas en su plato de agua».

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Si bien parece que está totalmente feliz y maravillada con su nueva vida, Sapphire no siempre tuvo la posibilidad de disfrutar del mundo con tanta libertad. Al menos no cuando vivía en una instalación al costado de una carretera en Ohio donde se habían violando múltiples medidas de seguridad y bienestar para los animales.

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Por suerte el Departamento de Agricultura de Ohio la secuestró y la mantuvo oculta para su propia protección mientras se desarrollaba el juicio que finalmente terminó salvándola a ella y a sus otros compañeros felinos del maltrato.

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Y ahora gracias a que vivirá para siempre en el santuario, más personas han podido conocerla, aunque ella no tendrá que preocuparse por ningún visitante no deseado, humano o reptil, pues sus cuidadores están allí para mantenerla segura y, por supuesto, darle todos los juguetes que quiera. 

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