Por Diego Aspillaga
28 enero, 2020

El primer amor y la primera mascota nunca se olvidan y Leandro Almeida aún recordaba a su tortuga Manuela, la que se había perdido hace 38 años. Nunca esperó volver a encontrarla entre el desorden de la casa de sus padres.

Era el año 1982 y la familia Almeida, oriunda de Realengo, Brasil, vivía una pequeña gran crisis.

Leandro, uno de los hijos de la familia llegó llorando a la habitación de sus padres anunciando que Manuela, su tortuga mascota, estaba perdida. Los adultos le dijeron al pequeño que no se preocupara pero el niño exigía que lo ayudaran a buscar a su mascota porque era su mejor amiga.

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Pasaron horas y horas de búsqueda hasta que los padres tuvieron que sentar al pequeño en su regazo y decirle que su querida Manuela no iba a regresar. La casa estaba siendo renovada y lo más probable es que a algún maestro se le quedó la puerta abierta y el reptil había escapado al bosque cercano. «Está mejor, está en la naturaleza», dijeron los adultos.

Esa fue su primera mascota, su primer amiga y su primera pérdida. La herida que quedaría después de ese recuerdo dejaría una cicatriz que el tiempo no lograría borrar.

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Pasaron 38 años, y el pequeño Leandro ahora eso todo un adulto, un padre de familia. Su padre había fallecido hace poco debido a su edad, ahora estaba descansando junto a su madre. Ahora le tocaba entrar de nuevo a su antigua casa y limpiarla de una buena vez.

La pérdida de Manuela, en tanto, había sido superada pero nunca olvidada. Así como hay personas que nunca olvidan su primer amor, él nunca olvidaría a su primera mascota. Y así como puede pasar con los primeros amores, la vida también se las ingenia para reencontrar a las personas con sus primeras mascotas.

Lo que no es común es que esto suceda exactamente en el mismo lugar donde se vieron la última vez. 

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Resulta que el padre de Leandro era una especie de acaparador, por lo que las habitaciones estaban repletas de cosas -y mucha basura- hace años.Y mientras el hombre ordenaba la casa de su padre, la vida lo sorprendió con una presencia inesperada.

El hombre luchaba contra la basura de su padre cuando vecino le preguntó si también tenía la intención de deshacerse de la tortuga. «Puse la bolsa de basura en el piso y el vecino me advirtió ‘¿también vas a tirar la tortuga?’ En ese momento, me puse blanco y no lo creía», dijo Leandro a Globo TV.

Perla Rodrigues / TV Globo

Fue entonces cuando Almeidas se enteró de que Manuela había logrado sobrevivir durante tres décadas sola.

La familia sospecha que sobrevivió gracias a las miles de termitas que infestaban los antiguos muebles abandonados de su padre acaparador. 

Ahora Manuela camina por la casa y entretiene a las generaciones que ya conocía, junto con otras nuevas de la familia Almeida.

Perla Rodrigues / TV Globo

La primera mascota nunca se olvida y muy pocas veces vuelve. Leandro y Manuela son prueba de eso. 

 

 

 

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