Por Alejandro Basulto
5 abril, 2021

La can “Liddle” no se encontraba en su jaula cuando esta veterinaria la fue a ver en su horario de trabajo, abandonando así a su dueña que la ama y a sus crías con pocas semanas de edad.

Habían pasado pocos días desde que la perrita “Liddle” se había convertido en mamá perruna tras dar a luz a sus cachorros. Un hecho que emocionó mucho a su dueña, Kirstin Kapp, quien fue parte activa en ese parto, al ser ella veterinaria. Una mujer que ama mucho a esta can y que se preocupó y entristeció como pocas al saber que su peluda amiga no estaba en su jaula después de su turno de trabajo. La desesperación la dominó y así pasaron dolorosas semanas sin poder verla.

Kirstin Kapp / Facebook

Ella publicó en sus redes sociales el extravío de su querida Liddle, con su fotografía y agregando el siguiente comentario: “Me hace falta una parte de mí y no hay nada que pueda hacer al respecto. Te quiero mucho mi dulce niña. Por favor vuelve a casa. Realmente no sé cómo hacer frente a esto”. Fueron 21 días de sufrimiento y de un desolador sentimiento de pérdida, cuando de repente, recibió un llamado que cambió su rostro. Las esperanzas habían vuelto, debido a que aseguraban haber visto a su can y necesitaban sus datos para ir a dejársela.

Kirstin Kapp / Facebook

Fue una pareja que tras ver su posteo en Facebook, logró corroborar que la perrita que habían hallado era la mascota extraviada de Kirstin. Can que lucía muy desorientada y que no dejaba de dar vueltas en un parque en búsqueda de un poco de comida. Posiblemente durante todo ese tiempo desaparecida, pasó mucha hambre y sed. Estaba perdida y por lo tanto, muy posiblemente vivió constantemente con el miedo de no volver nunca a su casa.

Kirstin Kapp / Facebook

Sin embargo, aparecieron este par de personas frente a ella, quienes transformándose en sus héroes la llevaron a la clínica veterinaria de su querida dueña. Ahí estaba Kirstin Kapp, la que al momento de ver a su perrita, no aguantó la emoción y corrió rápidamente hacia ella al mismo tiempo que Liddle hacía lo mismo. Su dueña lloró y ambas se dieron un largo y profundo abrazo que nunca olvidarán.

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