Por Lucas Rodríguez
30 julio, 2019

“Cuando llegó aquí, no sabía cuál era su cara y cuál su posterior”, dijo uno de los cuidadores. Su personalidad brilló una vez le quitaron el pelo y la mugre.

La línea que separa los sentimientos e ideas que las mascotas realmente siente y experimentan, con las que son netamente humanas y nos gustan hacer, jugar incluso, a que nuestros pequeños peludos experimentan lo mismo que nosotros. Quizás nos hace sentir mejor creer que ellos nos entienden, o también puede ser una manera de sentirnos más similares a ellos. Especialmente si tienes un gato: seamos honestos, todos los dueños de felinos mantenemos una admiración rellana en lo aspiracional hacia estos extrañísimos mamíferos peludos y malagradecidos. 

Pero hoy no venimos a hablar de gatos, sino que de su opuesto eterno. Específicamente, de un perrito que había perdido toda esperanza de vivir una vida agradable y tranquila.

Richmond SPCA

Llamado Lionheart (corazón de león, como la película de Franchella), este pequeño puddle vivía en una casa donde nada se hacía cargo de él. Pasaba sus días bajo una cama, donde su pelo se fue llenando de motas y enredos, además de sus propios desechos. Lo más triste de todo, es que este trato terminó por afectar a su personalidad, creando un dramático círculo vicioso: sus dueños trataban a Lion como una bestia y no intentaban ayudarlo, y su vez, él era agresivo con sus dueños por cómo su situación había terminado por afectar a su forma de ser. 

Finalmente optaron por lo más lógico y lo regalaron a una perrera de Richmond, Virginia. Today recogió esta historia, la que en este momento del relato, está en su momento más bajo. Pero como suele ser con estas cosas, una vez que estás en el fondo, solo queda subir. Así fue con Lion cuando llegó a su hogar temporal. Los encargados fueron veloces en notaron su estado, atacando primero su malogrado pelo. 

Richmond SPCA

Luego procedieron a lavarlo. Quitarle las manchas y sanar las heridas que la sarna y las pulgas le habían hecho. De a poco Lion fue notando que el contacto humano podía ser algo positivo. Al par de días, los cuidadores creyeron que estaban frente a un perro nuevo. Lion jugaba y se subía a las sillas, demostrando que recuperar la dignidad por fuera, lo había ayudado a dar los primeros pasos para recuperarla también por dentro. 

Como si fuera poco, apenas compartieron las fotografías del nuevo Lion (ahora rebautizado Cody, para subrayar su renacimiento), las ofertas de adopción no se demoraron en llegar.

Richmond SPCA

Ahora Cody vive una nueva vida con una familia que lo quiere y se preocupa de él. Nada más lejos de cómo fue la primera mitad de su existencia.

 

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