Por Daniela Morano
27 diciembre, 2018

Ya comenzaban a aceptar la idea de que jamás volverían a verlo, hasta que un día recibieron una llamada.

Cuando una mascota desaparece repentinamente o se escapa de la casa uno teme lo peor. Piensa que alguien podría llevársela, podrían haberla atropellado o podría ahora haberse convertido en un animal callejero, sin comida ni cobija. Si bien tanto perros como gatos tienen una vaga idea de cómo regresar a sus hogares, eso no quiere decir que sea fácil.

El gato de este niño llevaba siete meses desaparecido, no tenían idea de a dónde se había ido ni por qué no regresaba a casa. Estaban desesperados las primeras semanas, pero a medida que los meses pasaban perdían toda esperanza.

A pesar de tener microchip, no recibían ninguna llamada comunicándoles del paradero de su gato. 

De a poco, aceptaban la idea de que jamás volverían a verse, que aquel amado miembro de la familia no regresaría. Hasta que sí recibieron una llamada, siete meses más tarde.

La mamá de este niño no quiso contarle de la gran noticia hasta que regresó a casa, donde lo espero ansiosamente con el gatito blanco y naranjo entre sus brazos.

Al llegar y ver a su gato, el niño corre a abrazarlo mientras llora de emoción al reencontrarse con su amigo. Es cosa de ver su rostro cuando recién lo ve para convencerse de que realmente extrañaba mucho al felino. 

Mientras lo abraza, lo acaricia y mira hasta que sonríe de felicidad por tener nuevamente entre sus brazos a su mascota.

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