Por Antonio Rosselot
11 febrero, 2021

Gracias a una particular coincidencia, el pequeño Baloo —que sufre del síndrome del “perro nadador”— está hoy en un nuevo hogar, donde lo cuidan y lo ayudan a rehabilitarse para que pueda caminar normalmente. Sus ganas de sanar son la retribución máxima para sus dueños.

Roberto Carlos Degean, oriundo de la zona de Itauguá (Paraguay), decidió cambiar la ruta que generalmente hacía para volver a casa después del trabajo, y tomó otro camino. Como si hubiese estado escrito por el destino, encontró algo que le cambiaría la vida en el trayecto nuevo.

Como cuenta Perla Ozuna, la pareja de Roberto, el hombre iba caminando cerca de casa cuando escuchó a un perrito “llorando desesperadamente”, por lo que se detuvo para averiguar de dónde venían los ruidos.

“Cuando alcanzó el lugar le vio al cachorrito tirado en el raudal, tratando de salir, arrastrándose. Sacó su remera de trabajo y con esa le lió todo al perrito”.

—Perla Ozuna a Crónica Paraguay

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En un comienzo, la pareja pensaba que el perrito se había fracturado porque no podía caminar. Además se estaba estremeciendo de hambre y frío, por lo que le dieron un plato de leche y lo arroparon para que descansara.

Al día siguiente del rescate, Roberto y Perla llevaron al pequeño —bautizado como Baloo— al veterinario y éste le diagnosticó el síndrome del “perro nadador”, causado por su pecho plano y la razón por la cual la pareja cree que el cachorro fue desechado en un comienzo.

“Creo que por eso le tiraron, porque tiene impedimentos para caminar, pero nosotros le vamos a ayudar con terapias para que pueda tener una vida digna y rodeado de gente que sí lo ama”.

—Perla Ozuna a Crónica Paraguay

Si bien es un síndrome tremendamente complicado, cuyo tratamiento requerirá mucho sacrificio por parte de los nuevos dueños del perrito, el veterinario señaló que con una rutina de fisioterapia y ejercicio, el pequeño Baloo podría hacer una vida normal.

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De acuerdo a la familia, Baloo está “muy ansioso de poder caminar” y actualmente están trabajando en fortalecer sus patas, para que pueda moverse sin asistencia. Además, le construyeron una especie de silla de ruedas para que se ejercite.

Baloo vio a su vida dar un giro en 360 grados, todo gracias al azar y el destino: si Roberto hubiese tomado su ruta habitual ese día después del trabajo, quién sabe qué hubiese ocurrido con el peludito…

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