Por Catalina Vásquez
30 Abril, 2015

Un accidente que terminó por crear a la familia más extraña y adorable. 

Un día de verano, en el patio trasero de Abbey Harrison, un árbol cayó sin previo aviso y con el, una ardilla de tan sólo días de vida. La mujer inicialmente, decidió dejar a la pequeña fuera por el resto del día, para que se pudiese reencontrar con su familia. Pero cuando volvió a chequear por la tarde, seguía ahí, sola e indefensa. 

Lo más probable es que su madre no la lograra encontrar, o aún peor, muriera aplastada por el árbol o con el impacto de la caída. Por lo que Abbey decidió hacerse cargo hasta que creciera lo suficiente como para volver a la naturaleza sin peligros.

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Así, la metió a la casa, comenzó a alimentarla y le construyó una camita dentro de una caja de zapatos. La pequeña, que aún era incapaz de abrir los ojos, capturó de inmediato la atención de todos los habitantes del hogar, pero por sobretodo de Millie, una perrita labrador que al parecer, ansiaba tener una amiga.

La verdad es que ambas ganaron mucho de la situación. Millie tiene mucha más energía desde la llegada de esta ardilla, se preocupa de vigilarla, le comparte de su comida y al salir al patio con su pelota favorita en la boca, juegan por horas. Y por su parte, la ardilla, ganó una figura paternal, a la que sigue todo el día y que le enseña de la naturaleza.

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