No dudó en desvestirse y lanzarse al agua congelada. Tomó el collar del perro y lo arrastró hacia la orilla en segundos.

Los perritos suelen disfrutar de los paseos al aire libre. Y muchos, como sus dueños saben que tienen claro cómo volver a casa, los dejan salir sin ninguna supervisión. Sin embargo, esa total independencia a veces puede traer uno que otro problema.

Tal como ocurrió con este perrito, que en uno de sus paseos habituales, cayó a un estanque congelado y le era imposible salir por su cuenta.

Sin embargo, no estaba dispuesto a rendirse y comenzó a llorar y gritar desesperado con la esperanza de que alguien pudiera oírlo.

Ryan Arens, un trabajador de la empresa UPS de transporte de paquetes, conducía por una ruta por Bozeman, Montana, cuando sintió los fuertes sollozos. Quiso averiguar de qué se trataba, pero como ya había oscurecido era bastante difícil.

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Como no pudo ver nada, continuó su ruta hasta entregar un paquete, y cuando se devolvió, condujo atento por si lograba captar algo extraño en la carretera y, afortunadamente, pudo divisar a lo lejos la triste escena.

Había un perrito luchando por su vida atrapado en un estanque de hielo a unos 3 o 4 metros de la orilla.

Denis Torkhov

Enseguida quiso ayudarlo y apenas se acercó se dio cuenta de que un hombre mayor estaba en un bote de remos sobre el agua congelada intentando, con poco éxito, cortar el hielo y así poder alcanzar a su mascota.

Y rápidamente se ofreció a ayudarlo.

«Me desvestí, quedé en ropa interior y saqué al sujeto del bote. Luego, deslicé el bote sobre el hielo, usándolo para distribuir mi peso», dijo Arens. «Me fui a donde el hielo estaba delgado».

Entonces se quebró y cayó del bote directo al agua congelada, de casi 5 metros de profundidad. Pero como ya estaba mojado, optó por nadar para alcanzar al perro, que estaba empezando a hundirse de cansancio.

Logró agarrarlo de su collar y así nadó deslizando con una mano al perro hacia la orilla. Cuando salió del agua, un hombre le entregó una manta para abrigarse e inmediatamente el dueño del perro trasladó a ambos hacia su hogar, donde se dieron una ducha caliente para entibiar el cuerpo.

Ryan Arens

Y pese a la aventura, cortes en su pierna y el frío intenso que vivió, Arens continuó su ruta de trabajo y entregó los 20 paquetes que le restaban para terminar su día laboral.

Tiempo después del incidente, Arenas tuvo que ir a entregar un paquete a esa misma dirección, y mientras caminaba, vio al perro que luego supo que se llamaba Sadie, y supo de inmediato que lo recordaba.

«Se estaba volviendo loco, y cuando su dueño lo soltó, corrió hacia mí«, dijo el repartidor.

Por suerte ese mal momento quedó atrás.

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