Por Romina Bevilacqua
15 enero, 2016

Su intensa mirada resumía lo que sentía en esa fría y solitaria jaula.

Cuando Will Highsmith y su novia entraron al refugio sabían exactamente lo que buscaban: querían adoptar a un animal de edad, uno al que supieran que le costaría ser adoptado. Así fue como, mientras recorrían los pasillos llenos de animales en busca de una segunda oportunidad, dieron con un gato bastante particular. Se trataba de Pearl y su mirada indicaba que estaba bastante descontenta en aquel lugar, lo que era de esperarse sobre todo porque era una gata adulta de 6 años.

«Notamos su apariencia y cuán enojada se veía. Sencillamente se veía miserable»

Will Highsmith

 

Su furiosa expresión quedó grabada en su mente y decidieron adoptarla. Creían que una vez que estuviera en casa y pudiese relajarse y tener una vida de libertades como cualquier otro gato, su expresión cambiaría. Pero pasaron los días y Pearl continuaba mirándolos con esa cara de «te mataré si vuelves a mirarme».

Por más que la mimaban, Pearl continuaba siendo una gata con una furiosa expresión, sin embargo su actitud no parecía corresponder a su evidente enojo.

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Ella los seguía a todas partes y adoraba que la acariciaran. Así que pronto se volvió evidente que Pearl era en realidad víctima de la genética.

Nació con cara de gruñona y por más feliz que estuviese esa expresión la acompañaba a todas partes.

Y tal como sus congéneres grumpy cat, atchoum o el gato más triste del mundo, su singular expresión pronto la convirtió en toda una celebridad en las redes sociales. 

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Grumpy cat le ha enviado un mensaje: «Bienvenida al club»

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