Por Daniela Morano
10 julio, 2019

Siguió su olor y caminó durante horas hasta su casa.

Cuando una persona adopta un animal no son siempre ellos quienes eligen a quien se irá con ellos a casa. A veces, son ellos mismos quienes reconocen al humano que mejor se llevaría con ellos. Y ese fue el caso de Ted, un perrito que durante mucho tiempo vivió en el refugio local de la ciudad donde fue encontrado.

Una de las voluntarias, Abbey Boyd, le prestó especial atención a Ted. Le daba de comer queso con sabor a tocino, y era de hecho la única voluntaria con permiso para acercarse a él. Ted no le prestaba atención a nadie más, se rehusaba a salir de paseo o incluso interactuar con otras personas.

Abbey Boyd

Boyd intentó conseguirle una jaula más grande para que estuviese más cómodo, pero aparte de eso y el queso no sabían nada más del otro. «No tenía más contacto con él que el que tenía durante mi turno en SPCA. Me iba a casa en las tardes», dijo a Shareably.

Un día, Boyd se despertó alrededor de las 3 de la madrugada para prepararse para ir a trabajar. Aparte del refugio, Boyd trabajaba en el aeropuerto, así que debía salir muy temprano de su casa.

Ese día, cuando regresó a casa, vio a un perro sentado afuera de su casa.

Abbey Boyd

«Supe que era Ted. Llegó a mi casa… entre todas las personas, perros, olores que hay acá llegó a mi casa. Escogió mi casa. Donde yo estoy», dijo. «Podría ser una coincidencia, pero yo soy de Yellowknife. Todo es una señal cuando se trata de animales. No puedo ignorar una señal de esa manera».

Abbey Boyd
Abbey Boyd

Así fue como Abbey decidió adoptar a Ted. No lo pensó ni dos veces, porque sabía que él la había escogido y no podía fallarle. Alguien ya le había fallado antes, no podía dejar que eso ocurriera otra vez.

«Él literalmente está listo para ser amado y cuidado. Viene conmigo».

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