Por Felipe Costa
15 febrero, 2021

Bill Dorris fue un hombre de negocios que siempre vivió de manera modesta. Luego de morir a sus 84 años, dejó escrito que sus bienes avaluados en 5 millones de dólares pasarían a los gastos de su perrita Lulu. La cachorra pese a tener un nuevo hogar sigue visitando la casa de Dorris, donde hace de guardia.

Es considerado “normal” o bastante común que al morir, muchas personas dejen un testamento declarando a qué seres queridos se les entregará sus posesiones. Sin embargo, algo quizás nunca antes visto es el caso de la perrita Lulú, heredera de 5 millones de dólares luego que su dueño muriera sin haber tenido hijos, informa Fox News.

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Lulu tiene 8 años y su dueño, Bill Dorris, la consideraba su perra guardián. A su avanzada edad, el amo falleció a los 84 años dejando a su peluda sola, pero tenía claro que de alguna forma se aseguraría de su bienestar, de esta forma no solo le heredó sus bienes, sino que también le designó una cuidadora, la señora Burton.

Dorris era un exitoso hombre de negocios que vivía de forma modesta, sin aparentar muchos lujos. El valor de sus propiedades asciende a los 5 millones de dólares, todos para Lulu.

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Martha Burton, amiga de Dorris, destaca el inmenso amor que el hombre le tenía a su mascota. Siempre que estaban juntos desprendían una alegría única. La mujer de 88 años conoció a la perrita tiempo atrás, cuando el hombre de negocios le solicitó cuidar de su cachorra mientras se encontraba de viaje, pidiéndole que se hiciera cargo de darle todo lo que necesitase y que luego él le reembolsaría todo.

De la misma manera, el testamento de los 5 millones quedan transferidos a un fideicomiso, es decir, la señora Burton solo podrá reembolsar el dinero que especialmente haya gastado en la perrita. Dorris fue claro en mencionar que el monto es suficiente como para saciar a Lulu con todo lo que quisiera, aún así fuesen todas las croquetas del mundo.

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De todas formas, aunque Burton quisiera comprar una cama de oro para la perrita o un collar con diamantes, sería complicado pues el anexo ordena solo gastos razonables.

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La mujer sabe que no hay forma de gastar tanto dinero, pero con una sonrisa dice: “Bueno, me gustaría intentarlo”. Lulu por su parte no ha presentado problemas de comportamiento, pero sigue yendo a la casa de Bill a hacer de guardia. Por las tardes regresa donde Martha donde come hasta saciarse. No se sabe aún que pasará con todo el dinero cuando la perrita muera, el único misterio que dejó su dueño al partir.

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