Por Hisashi Tanida
8 noviembre, 2017

Lilica vive en Brasil y es un ejemplo para los humanos.

La nobleza de los animales ha superado la de los humanos históricamente desde el principio de los tiempos. Me gustaría que existiera un hito oficial con el monumento definitivo que decrete que como humanos no tenemos nada más que hacer que rendirnos ante la bondad de estos seres, de los cuales definitivamente tenemos mucho que aprender.

El caso de Lilica es solo uno más que se suma a esta enorme lista. Esta perrita vive junto a su dueño Neile, quien la adoptó cuando solo era una cachorra, en un barrio muy pobre de Sao Carlos.

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A menudo les hace falta el dinero y la comida, por lo que Lilica debe salir a buscar cada noche alimento para darle de comer al resto de los animales que viven con ella: un perro, un gato, un burro y algunas gallinas). 

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En su camino se reúne junto a Lucía, una profesora que hace más de 30 años se dedica a cuidar animales abandonados. Al verla sola deambulando decidió alimentarla y fue así como se dio cuenta que no solo no terminaba su comida, sino que se la llevaba en la bolsa en la que lucía se la entregaba.

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Un día, la profesora decidió seguir al animal en su ruta de regreso para encontrar que todo se trataba de un acto de profundo amor y empatía.

Tenemos tanto que aprender de estos pequeños héroes.