Por Luis Aranguren
25 noviembre, 2021

Como si dijera gracias, no se bajó de encima de este hombre en quien encontró un hogar.

Algunos podemos pensar que los animales callejeros no entienden la situación en la que viven, pero claro que sí, saben lo duro que es vivir en las calles y no encontrar comida. Muchos creen que al llevarlas a un refugios sus vidas se arreglan, pero en ocasiones no es así.

Y es que se sabe que hay refugios de “alta matanza”, donde si no los adoptan pronto los sacrifican con la excusa de abrir espacio a otros perros.

Facebook / ViralHog

Este fue el caso de una perrita que tan solo había durado 12 días en uno de estos espacios, lo que les pareció suficiente para darle un triste final. Por fortuna, un hombre con distrofia muscular la adoptó, aunque fuese anciana, él le quería dar la vida que se merecía.

Una vez la buscó, esta se montó encima de él y comenzó a acariciarlo y lamerlo constantemente, parecía mostrar agradecimiento por salvarle la vida.

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Podemos decir que por esos instantes al señor le costó respirar, pero no importaba, estaba muy emocionado de poder tenerla entre sus brazos. La había salvado de la eutanasia, era una buena noticia, y es que ella no sufría nada que ameritara una decisión tan fuerte.

Según la pareja que ahora los tiene en casa, ella estaba llorando de felicidad, mientras su nuevo cuidador trataba de calmarla con caricias en el torso y la cabeza. 

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Parece que la conexión fue muy buena, que bueno que este hombre con sus problemas musculares, pueda tenerla en casa, se harán muy buena compañía. Él suele trabajar desde su hogar por la distrofia y siempre está acompañado de sus perros, pero había perdido uno.

Ahora llegó Peanut (como fue llamada) a darle el amor y la atención que necesite. Seguro lo hará con mucho gusto, pues se trata de el hombre que le salvó la vida, que le cambió una jaula por un hermoso hogar y compañía. Esperemos que puedan pasar mucho tiempo juntos y vivir vidas felices.

Ahora Peanut no tendrá más de qué preocuparse, siempre habrá alimento en el plato y alguien en casa dispuesto a hacerle caricias cuando las necesite.

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