Por Lucas Rodríguez
26 mayo, 2020

Un par de sacos de arena y algo de trabajo con el taladro fueron todo lo que requirió para que Bentley pudiera tomar sol echado en el pasto.

No hay cómo negar que la cantidad de cariño que las personas tenemos disponibles para las mascotas, muchas veces va muchísimo más allá de la capacidad que tenemos realmente para cumplir con todo lo que necesitan de nosotros. Dejando de lado a los gatos (esos demonios no necesitan nada más que un par de almas a las que agotar por semana), los perros necesitan a lo menos algo de espacio donde correr y ejercitarse, además de comida, agua y algo de atención. Pero muchísimas personas optan por adoptar a un cachorro y llevárselo a vivir con ellos a sus departamentos.

KaTarra Taylor

No son las condiciones más optimas en las que vivir con una animal que, después de todo, es la evolución (o in-volución, dependiendo de a quién le preguntes) de los magníficos lobos que vivían a sus anchas por las praderas del mundo salvaje. Pero muchas veces, es ese mismo cariño que llevó a las personas a adoptar a su mascota, la que termina por imponerse a las condiciones materiales. 

KaTarra Taylor

La historia de Bentley y su dueña KaTarra Taylor nos hace darnos cuenta que, como dicen la canción, el amor encuentra el camino. A lo que nos referimos con esto, es que KaTarra fue capaz de notar que su querido Taylor no estaba del todo satisfecho con su vida.

KaTarra Taylor

Un perro de tamaño mediano tirando a grande, Bentley necesitaba algo más que sus paseos diarios. Por eso fue que KaTarra decidió que era hora de hacer algunos cambios a su pequeña casa. Decidiendo que la cochera sería el espacio a sacrificar, ahorró un poco de dinero, llamó a los especialistas para pedirles consejo y se lanzó manos a la obra. 

KaTarra Taylor

En un par de semanas de trabajo, su cochera lucía completamente distinas. De un espacio frío, lleno de cemento, que ella utilizaba más que nada para almacenar herramientas y cachivaches que no iba a volver a utilizar, nació el nuevo patio de Bentley.

KaTarra Taylor

Equipado con varios metros de pasto sintético (pero del mejor, cosa que solo alguien muy entrenado pudiera darse cuenta de la diferencia), su patio de interiores fue inmediatamente recibido por quien sería su principal usuario. Bentley no se demoró en recostarse, dando por solucionadas todas sus necesidades de un exterior en el que variar de los sillones y alfombras que compartía con su dueña. 

KaTarra Taylor

Lo mejor de todo, es que el saldo final de todo fue 400 dólares. No es una cantidad de la que podamos prescindir, pero tampoco es una millonada. Si se trata de hacer feliz a nuestro perro, el saldo nunca va a ser excesivo. 

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