Por Cristofer García
19 noviembre, 2021

“Me ayudó porque nunca antes me había puesto la vacuna contra el COVID-19 y no sabía cómo se sentía. Pero cuando vi al perro, me ayudó a calmarme”, contó Avery Smith de 9 años, quien recibió la inyección en Hospital Rady Children de San Diego, con la compañía de un canino.

Los perros tienen fama de ser la mejor compañía que existe para las personas, por ello en algunos casos pueden ser útiles para puestos de trabajo donde se necesite un amigo peludo que ayude a relajar a otros. Ese ese precisamente la labor de Ollie en el Hospital Rady Children de San Diego, Estados Unidos.

Este canino de raza goldendoodle (mezcla de golden retriever y poodle) se ha caracterizado por servir de compañía a los niños que deben vacunarse en este centro médico infantil porque, como suele ocurrir, los chiquillos son temerosos al momento de recibir alguna inyección.

Reuters

Según reseñó Reuters, este perro de terapia de 6 años de edad ha sido muy importante durante el proceso de vacunación contra el COVID-19 que se realiza en este hospital, porque ayuda a los más pequeños a aliviar la ansiedad que sienten en ese momento.

Ollie forma parte del Programa de Terapia Canina PetSmart Paws for Hope, junto a otros 14 perros, los cuales se encargan de acompañar a niños entre 5 y 11 años de edad que reciben la inyección contra el coronavirus.

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Uno de los tantos casos donde han sido de mucha utilidad estos canes es el de Avery Smith, un chiquillo de 9 años que se puso a llorar después de recibir su dosis de la vacuna. Fue en ese momento cuando Ollie se sentó en sus pies y lo relajó.

“Me ayudó porque nunca antes me había puesto la vacuna contra el COVID-19 y no sabía cómo se sentía. Pero cuando vi al perro, me ayudó a calmarme“, contó Avery en conversación con Reuters.

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Pero no han sido importantes solo durante esta crisis sanitaria sino que antes de la pandemia perros como Ollie ha acompañado a otros niños con distintas patologías, como los pequeños pacientes oncológicos. Los peludos hacen que la experiencia sea menos terrible.

“A veces, un padre dice: ‘Está dormido después de la cirugía, pero ¿puedo acariciar al perro?’ Realmente pueden abrazar al perro y sentirse mejor también”, contó la dueña de Ollie, Kristin Gist, quien es voluntaria de terapia canina y ex directora de programas del hospital.

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Durante la mayoría de la pandemia las visitas habían estado suspendidas, al igual que el programa canino. Por fortuna, reste se retomó hace unos 3 meses atrás. “No había nada. Estaba en silencio. Los niños estaban aburridos. Así que, gracias a Dios, pudimos empezar a traer de vuelta el programa”, dijo Carlos Delgado, vocero del hospital.

“Incluso una visita de 3 minutos con un perro marca la diferencia en el día”, añadió.

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