Por Camilo Morales
9 mayo, 2022

“Ulysses llegó a nuestras vidas para sumar, porque ya no podemos llegar al puesto y no verlo”, dijo el empleado Seu Antonio, quien le fabricó un uniforme a la medida al perrito.

Cada perrito callejero debe hacer frente a diversas dificultades que se les ponen en su camino, como por ejemplo obtener la comida necesaria día a día, luchar contra la deshidratación, las enfermedades, y también los climas adversos.

Muchos de ellos han tenido la suerte de toparse con buenos samaritanos y organizaciones animalistas que los acogen durante un tiempo, y que luego los ponen en adopción para que las familias postulantes se los puedan llevar a sus casas y brindarles cariño y amor.

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Sin embargo, hay otros canes que no tienen la misma fortuna y deben hacer de la calle su casa, y acompañarse con otros perros que están en la misma situación que ellos.

Ulysses era un perrito brasileño cuyo estilo de vida se asemejaba a algo así. Cada mañana tenía que rebuscárselas para consguir alimento y agua, además de acercarse a los transeúntes con la esperanza de que alguien lo pudiera adoptar.

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Su suerte cambió cuando pasó caminando cerca de una estación de gasolina en Barra do Garcas, Brasil, y se topó con algunos empleados que le dieron algo de alimento.

Como los trabajadores fueron atentos con él, decidió quedarse rondando ese lugar durante 10 meses. Según información de Globo, la gerente general de la gasolinera, Marluce Ribeiro, de 56 años, explicó que como se quedó durante ese tiempo en la estación decidieron adoptarlo para siempre.

Marluce Ribeiro

Llegó todo enfermo, pero era dócil. Nos dio pena y hasta pensamos que no sobreviviría. Todos ayudaron a comprar medicinas y a bañarlo para que se mejorara“, contó la mujer.

Seu Antonio, de 73 años, es uno de los empleados que es más cercano al can. Fue tanto el cariño que le tomó que incluso lo vistió con el uniforme clásico que ocupa cada empleado de la gasolinera. Así, Ulysses se transformó en un “trabajador” más.

Marluce Ribeiro

Es un perro un poco travieso. No le gusta mucho la comida, no. Le gusta mucho la carne“, contó el anciano.

El perro se ha transformado en una celebridad para los vecinos que viven cerca de la gasolinera. De hecho, le toman fotos y le hacen cariño cada vez que van a echarle bencina a sus carros. “Ulysses llegó a nuestras vidas para sumar, porque ya no podemos llegar al puesto y no verlo (…) Nuestra vida cambió todo en todos los sentidos. Ya no podemos vivir sin él“, agregó.

Marluce Ribeiro

Ahora, con las donaciones de los clientes y también el dinero que ponen los empleados de la gasolinera, Ulysses ha podido tener una mejor calidad de vida en comparación a su historia anterior.

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