Por Alejandro Basulto
28 junio, 2020

A sus cinco años, “Kruz” sabe lo que quiere y cómo conseguirlo.

Los perros son animales sorprendentes. Porque más allá de sus cualidades ya conocidas por todos, como es el caso de su famosa lealtad, amabilidad y lo juguetones que son, entre otras características que los hacen tan queridos y especiales para todos nosotros, estos canes, además pueden llegar a ser extraordinariamente inteligentes. Porque por muy torpes que se puedan ver, esconden un ingenio y una capacidad para lograr lo que quieren, que no hay que mirar en menos. No podrán realizar ejercicios matemáticos ni hablar como nosotros, ni nada por ese estilo, pero tontos no son.

Rumble Viral / Youtube

Tal como lo demostró un perro doberman llamado “Kruz”, que a sus cinco años le enseñó a todo el mundo que él no necesita de la ayuda de su humano para comprar los productos y por sobre todo los bocadillos que le encantan. De hecho, el mismo Kruz fue a donde la cajera por su cuenta para “pagarlos”. Claro, cuando se trata de financiar sus cosas, ahí sí que necesita que su humano le ayude. Si como se mencionó anteriormente: tonto no es.

Rumble Viral / Youtube

El ingenio y la capacidad de Kruz para encontrar lo que quiere, enseguida hizo que captara la atención de los demás clientes en el supermercado. Porque obviamente, no es muy común ver a un perro comprando por su cuenta. Sin olvidar que con lo simpático y amigable que es este can, muchos se detuvieron a saludarlo y acariciarlo, demostrando lo bien que ha sido criado y entrenado por su humano. Es más, lo obedeció en todo momento.

Rumble Viral / Youtube

En el video que fue subido al canal Rumble Viral en Youtube, se puede observar como en un principio el humano de este doberman, le ofrece elegir un juguete, pero Kruz estaba más interesado en buscar algo para comer, un bocadillo.

Y es así como merodeando por la tienda, llega a donde había una delicia hecha con carne de cerdo, elección ante la que su humano no se opuso. El perro llevó a donde la cajera su sabroso bocadillo para después esperar pacientemente mientras la transacción terminaba y así después abandonar el supermercado para devorarse “su compra”.

 

 

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