Por Daniela Morano
6 agosto, 2019

No estaba nada feliz después de ese lavado de dientes.

Ser madre de un perro no es fácil, son prácticamente un bebé humano. Requieren atención, baños, comida, paseos lo que se traduce en tener mucho tiempo para hacer todo eso junto a ellos. Hace unos días, Fritz y su dueña, Bret Mortiner, se subieron a su coche. Como de costumbre, van al parque así que ese día Fritz asumió que iban camino a un feliz paseo.

Pero estaba equivocado.

Mortimer ama tanto a Fritz que decidió que necesitaba un buen lavado de dientes, como cualquiera -si tienen un perro sabrán lo intenso que puede ser su aliento-. Así que la joven agendó una visita al veterinario donde se quedaría un par de minutos recibiendo un merecido lavado de dientes.

Bret Mortimer

«Reservé una hora porque es mi mejor amigo y quiero que viva bien», dijo Mortimer a The Dodo. Pero Fritz no piensa lo mismo, y las cosas no resultaron como Mortimer esperaba que salieran.

Bret Mortimer

Cuando Mortimer fue a buscarlo su leal amigo ya no parecía tan leal. «Cuando abrieron la puerta no estaba… feliz». De hecho, Fritz la ignoró todo el camino a casa, apenas haciendo contacto visual.

«Siento que fue como, ‘hey mamá me sentí un poco traicionado'».

Menos mal eso no duró mucho tiempo y una vez en casa volvió a ser el mismo Fritz de siempre, aunque al día siguiente cuando subieron al coche no mostró tanta emoción como antes.

Bret Mortimer
Bret Mortimer

Sin embargo ya paseado y feliz, Fritz estaba más feliz que nunca y con los dientes más blancos que el mármol.

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