Por Lucas Rodríguez
15 junio, 2020

El ave quedó parapléjica debido a la caída, por lo que no puede moverse ni alimentarse por sí mismo. Por suerte, su mejor amigo se encarga de todo.

Dado que es una de las características que más nos representan, y que suponemos, más nos diferencian del resto de los animales, damos por hecho que la compasión por las demás especies es algo netamente humano. Los casos que vemos de leonas que se encargan de criar a antílopes que perdieron a sus madres, nos parecen más casos aislados que la norma (aparte de que todos albergamos la sospecha de que apenas ese antílope alcance el tamaño suficiente, el apetito de la leona podrá más que su bondad). 

Viviana Davila

Pero luego nos topamos con historias como la de Davila y su perrito labrador, Hiro. Ellos viven juntos en Puerto Rico, compartiendo el día a día cuidando uno del otro y demostrándose cariño. Uno podría dar por hecho que la relación entre dueña y perro era el límite de hasta dónde llegaba su compasión. Pero el perrito aun tenía mucho que enseñarle a su dueña. 

Viviana Davila

La historia que contó The Dodo, sitúa al labrado Hiro una mañana en la entrada de la casa. Su dueña notó que no dejaba de mirar una cosa que estaba en el pasto. Nada fuera de lo normal: la atención de los perros puede ser llamada por lo que sea.

Viviana Davila

La diferencia fue que apenas notó la presencia de su dueña, Hiro empezó a lamer el pasto. Luego la miraba a ella y volvía a lamer. No había otra manera de interpretarlo: quería llamar su atención.

Viviana Davila

Lo que tenía en frente el perro, era un lorito minúsculo. No solo era una cría de un par de semanas de vida, sino que también era particularmente pequeño. Davila recogió al ave y la entró a la casa. 

Viviana Davila

En una visita al veterinario, le informaron que el lorito era parapléjico. Lo más probable es que se hubiera caído del nido. Entre sus heridas y la falta de supervisión, su madre decidió no seguir intentando criarlo.

Viviana Davila

Ahí fue cuando la piedad animal entró en acción. Los días que Davila accedió a cuidar al lorito, su perro se tomó a pecho la tarea. Al poco andar ya estaba jugando con él. Dormían la siesta juntos y básicamente, se comportaban como los mejores hermanos. 

Viviana Davila

Davila no tuvo otra opción aparte de adoptar al lorito. Nadie se puso más feliz de esta decisión que Hiro. Ahora el labrador pasa las tardes jugando con el lorito, y preocupándose de que ni siquiera note que no pudo vivir una vida normal de ave. 

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