Por Diego Aspillaga
7 enero, 2020

Hazel salió a hacer sus necesidades y regresó con una gatita necesitada. La perrita ya había tomado la decisión y su familia tuvo que aceptarla.

Aunque películas, caricaturas y otras formas de entretenimiento digan lo contrario, perros y gatos pueden ser amigos, y esta historia lo comprueba. 

Hazel es una tierna perrita yorkie, chihuahua y poodle que vive en Abilene, Texas (Estados Unidos). Su mezcla de razas la convierte en una perrita única. Aparte de su hermoso y tierno físico, Hazel se destaca por ser muy (a veces demasiado) amistosa. Y fue precisamente esa cualidad la que salvó una vida. 

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En un día gris y lluvioso, los dueños de la perrita la dejaron salir al jardín para hacer sus necesidades. A pesar de la copiosa lluvia y el frío, Hazel debía salir. Siempre lo hacía rápido y cerca de la casa, no le gustaba mojarse demasiado.

Pero esta vez la perrita no volvió en muchos minutos, y cuando lo hizo, lo hizo acompañada. 

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Según Mónica, la dueña de la perrita, todo iba de acuerdo a la rutina de Hazel hasta que legó el minuto de llamarla de vuelta al interior de la casa. La perrita, que solía correr para entrar nuevamente y escapar de la lluvia, se quedó mirando fijamente un punto del garage de su casa. 

Sin importarle al lluvia, Hazel comenzó a ladrar y a acercarse al garage. Mónica encontró esta interacción muy divertida, por lo que decidió grabar las travesuras de su perrita.

Lo que ella no sabía era que entre todo el desorden del garage estaba una pequeña gatita abandonada, de no más de una semana de vida, que intentaba escapar del frío y el agua. El pequeño animalito no hacia nada mas que maullar débilmente, lo que fue lo que llamó la atención de Hazel.

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Y es aquí donde se demuestra que perros y gatos son animales tan nobles que pueden ser grandes amigos.

En vez de atacarla, asustarla o simplemente ignorarla, Hazel se dedicó a sacar al pequeña felina de su refugio y acompañarlo todo el camino hacia su casa. Mónica no podía creer que su perrita hubiera salido la bañó y ahora estaba volviendo con una amiga adoptada.

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La gatita caminaba torpemente bajo la lluvia mientras seguía a una emocionada Hazel. La perrita caminaba unos pasos y luego se daba vuelta para asegurarse que su nuevo amigo estaba bien encaminado. 

Al llegar a la casa, el pequeño felino no podía subir el escalón que lo dejaría entrar a a la casa, por lo que la misma Hazel la agarró con su hocico y la levantó.

Ambas entraron a la casa y se fueron a calentar a la cama de Hazel. Mónica, en tanto, miraba anonadada: parece que su perrita había adoptado un gato y ella tendría que lidiar con eso. 

Si bien Mónica no podía aceptar a otro animal en su casa, sí tenía un hogar pensado para el nuevo integrante de la familia. Sheeba, como fue bautizada la gatita rescatada por Hazel, se fue a vivir con el hermano de Mónica. 

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Sheeba ahora es una gatita feliz, sana y muy amistosa. Y, cada cierto tiempo, puede visitar a Hazel para jugar con ella y darle las gracias por haberla rescatado y cambiado su vida. 

 

 

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