Por Daniela Morano
11 julio, 2019

Sólo así se sentía tranquilo.

Los perros no la pasan nada bien cuando escuchan ruidos estruendosos y/o poco comunes. Están siempre atentos a cualquier movimiento y para eso deben reconocer todo lo que normalmente se mueve cerca de ellos. Uno de los sonidos que más los altera es el de los fuegos artificiales, algo muy comprensible.

Oír cientos de explosiones al mismo tiempo no es nada agradable si uno no sabe de qué se trata, y para las celebraciones en que estos son utilizados hay que tomar medidas especiales con los animales. Puede ser quedándose a su lado durante las explosiones o distrayéndolos, por ejemplo.

Roberto Palomba

Pero Kimbo, un golden retriever, tiene una mejor idea. Al menos para él.

Ha vivido toda su vida en Nueva York, así que está -en gran parte- acostumbrado al ruido. Le gustan todo tipo de actividades, especialmente caminar por los parques y visitar piscinas especiales para perros en Nueva Jersey.

Roberto Palomba
Roberto Palomba

El ruido no es algo que normalmente le moleste, pero recientemente él y su dueño, Marco, se fueron a vivir a otro sector de la ciudad donde hay mucha gente.

Para el 4 de julio, celebración del día de la independencia de Estados Unidos, era de esperarse que estallaran muchos fuegos artificiales. Por primera vez en su vida, Kimbo tenía miedo.

Pero Kimbo, como el perro experimentado que es, pensó en una solución.

Roberto Palomba

Ese día varios amigos de Marco llegaron a su casa porque así podían acompañar al perro. Mientras cocinaban Kimbo ladraba sin parar, incluso cuando lo acariciaban para tranquilizarlo. De repente, notaron que hace mucho rato que no ladraba pero tampoco estaba cerca.

Lo encontraron en la tina del baño, donde la hija de 4 años de uno de los amigos de Marco lo rodeó con todos sus juguetes favoritos.

Roberto Palomba

Feliz, se tendió sobre ellos y olvidó por completo los fuegos artificiales.

Unas horas después, era el mismo y feliz Kimbo de siempre.

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