Por Daniela Morano
22 mayo, 2019

No ladra ni hace ruido, sólo espera pacientemente.

Nuestras mascotas son las mejores compañeras de vida que existirán, más que cualquier ser humano sea madre, esposo o mejor amiga/o. Aman incondicionalmente a sus amos, así como también uno debería amarlas a ellas. No esperan nada a cambio más que caricias, atención y claro, comida idealmente. Es lo mínimo que uno podría pedir después de todo.

Chico es un pastor alemán cuya dueña falleció hace tres meses. Su dueña era su mejor amiga, y la extraña cada día que pasa sin escucharla ni verla.

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Desde su muerte, Chico visita las misas de la congregación todos los días, esperando pacientemente que algo ocurra. Se sienta junto al altar a observar… quizás esperando de Doña María vuelva a aparecer frente a él y puedan así jugar y correr juntos.

«Llegaba ahí cada vez que realizábamos la misa y se portaba muy bien, no hacía ruido ni ladraba», dijo Donato Panna a We Love Animals.

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«Viene a misa todos los días, esperando pacientemente junto al altar. No me da para sacarlo, es muy triste».

El leal perro continúa visitando la iglesia todos los días, sin darse cuenta que lo que tanto espera jamás llegará a estar físicamente frente a él.

Aunque por otro lado, más positivo, es probable que sea el único lugar donde Chico se siente en paz y en compañía. Es difícil saberlo, jamás tendremos certeza sobre sus pensamientos.

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Esperemos que eventualmente alguien lo adopte y le recuerde que aún queda vida por vivir.

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