Por Daniela Morano
8 octubre, 2018

No tuvo nada de vergüenza al robar más de una piedra al otro pingüino, que arduamente iba de un lado a otro buscando las que le servían.

Cuando una persona roba no es sólo porque necesita desesperadamente de ese objeto o dinero, sino que también porque los factores sociales influyen en ellos, haciéndoles creer que la manera de conseguir algo es quitándoselo a otro. Uno pensaría que esto se limita a los seres humanos, pero la verdad es que entre los animales también hay ocasiones en que deben recurrir a una vida de delincuentes para sobrevivir en este cruel mundo.

Los pingüinos son conocidos por ser fieles compañeros toda la vida, de proteger a como dé lugar a su pareja y sus crías. Aunque tengan que dejarlas ir eventualmente cuando ya son lo suficientemente grandes como para protegerse solas, hacen lo que esté en sus manos -aletas- para cuidarlas hasta que partan.

Antes del nacimiento, los pingüinos machos deben construir una especie de nido con distintas rocas que recolectan con calma y lentitud. No es una tarea fácil, pues encontrar rocas que se adapten unas a otras formando el nido perfecto es una tarea de largas horas, y llevar una a una al lugar elegido también.

Y en todo grupo siempre hay sujetos menos dispuestos que otros a trabajar. Como este pingüino que optó por una vida al límite, robando las rocas de uno de sus vecinos mientras él iba a buscar más para acomodar sus huevos.

BBC

Una vez que el verdadero trabajador regresa, el ladrón mira de reojo a ver cuando se va, siempre al acecho.

BBC

La víctima parece no percatarse hasta que, por casualidad, ve de reojo al ladrón y lo saca rápidamente de su nido.

Eso sí que le dará una lección al ladrón.

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