Por Diego Aspillaga
17 enero, 2020

La pobre perrita contaba las horas para morir en el basural en el que vivía. Para su suerte, un grupo de voluntarios la rescató a tiempo y la acompañó en cada paso de su milagrosa recuperación.

«Princesa» contaba los minutos para dejar este mundo que la había tratado tan mal. Dueños crueles, golpes, patadas, gritos. Ella ya había experimentado todos los tipos posibles de abuso y simplemente ya no tenía energía para seguir luchando.

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Sus dueños anteriores, por ejemplo, la dejaban amarrada por días a un poste. A penas le daban comida y agua, y nunca había tenido atención médica.

Cuando la perrita empezó a demostrar principios de sarna, los inhumanos seres a los que ella tanto amaba decidieron abandonarla en un basural.

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Ahí, el animal luchaba todos los días para encontrar alimento y agua potable, pasando días enteros sin ninguno de los dos recursos vitales.

Sus energías se gastaban rápidamente. Junto a ella, otra perrita llamada Perla, también abandonada y maltratada, le hacía compañía.

Luego de semanas viviendo entre la basura de una sociedad que nunca las consideró, las perritas ya se alistaban a morir. Ya no buscaban alimento, con suerte se movían. No querían seguir en este mundo y lo más fácil era irse en silencio, sin que nadie se diera cuenta.

Fundación Julieta

Pero la vida entrega segundas oportunidades y para la suerte de estos animalitos, la suya estaba a la vuelta de la esquina. Un grupo de voluntarios de la Fundación animalista Julieta supo del caso de los animalitos y se dirigió al basural para intentar ayudarlos. Los buscaron por unas horas antes de dar con ellos. El grupo esperaba que los animales se resistieran a ser capturados y llevadas a otro lugar pero se llevaron una triste sorpresa.

Los perros estaban tan débiles que apenas podían moverse, mucho menos luchar contra estos extraños. Entendiendo la gravedad de la situación y aprovechando la debilidad de los animalitos, los voluntarios los recogieron rápidamente y los metieron a sus autos, no había tiempo que perder.

Luego de semanas de una dura recuperación que incluyó el tratamiento de su hocico por heridas, medicamentos contra la sarna y una lucha por hacerla subir de peso, «Princesa» comenzó a mostrar grandes avances.

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Y no sólo físicos. La perrita era muy tímida y estar con personas la estresaba de sobremanera. No era para menos, los mismos humanos que la habían rescatado habían demostrado que podían ser crueles y despiadados. Pero pasaron los días y las semanas y la perrita comenzó a confiar nuevamente.

Fundación Julieta

Ahora Princesa es otra. Con un bello pelaje, una personalidad burbujeante, feliz y muy amistosa, la perrita parece haber aprovechado al máximo la segunda oportunidad de vivir que se le presentó.

Fundación Julieta

Con un lindo pañuelo rojo, la bella mezcla de sharpei ahora espera recibir el regalo más grande de todos: un hogar y una familia que la quieran y de la que ella se pueda enamorar para siempre. Está lista para confiar y amar de nuevo. 

 

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