Por Luis Aranguren
12 noviembre, 2020

En la ciudad de Puno estas aves se han podido recuperar y es que en esta particular especie es el macho quien empolla los huevos.

Son muchas las especies alrededor del mundo las que han sufrido a causa de la humanidad que las depreda sin piedad. Pero no todo es negativo, y es que se han creado centros de conservación para poder salvarlos.

Por suerte la especie suri logró llegar a uno de estos. En en el Centro de Conservación de Calachaca-Puno los cuidan y nacieron 19 polluelos.

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Esta especie es muy particular, pues los roles dentro de la familia están muy bien definidos y es el macho quien se encarga de casi todo. Desde construir los nidos, hasta empollar los huevos y criar a los polluelos.

Por su parte la hembra solo se encarga de producir huevos y una vez lo hace, continúa con su camino.

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Estas aves han sido víctimas de la caza furtiva durante muchos años, los buscan para quitarles sus huevos y por si fuera poco también aprovechan su carne y plumas. Tanto fue su búsqueda que en su último censo realizado en 2016, los suris estaban en extinción, según La República.

Fue así como a más de 4 mil 200 metros sobre el nivel del mar nacieron estos polluelos, símbolo de esperanza para su especie.

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Cabe resaltar que nacieron en cautiverio y es que ha sido la única forma de garantizar su protección. Al parecer las plumas de esta ave forman parte de la cultura y las buscan para realizar trajes típicos.

Gracias a estos nuevos miembros de la familia suri, hasta la fecha hay una población de 227 especímenes en la zona.

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Un gran esfuerzo realizado por parte de biólogos y el Servicio Nacional Forestal de Fauna Silvestre (Serfor) para garantizar la protección de esta especie. Si bien el trabajo hecho es algo digno de admirar, sería genial que las personas comprendieran y no cazaran más a estos animales.

El daño hecho a su población es grave y de seguir esta tendencia, puede que sea una especie que sus próximas generaciones no puedan conocer.

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Para quienes no conocen a esta especie, es parecida a las avestruces pero con una contextura más pequeña. Llamado también como Ñandu de Darwin, estas aves pueden llegar a medir un metro y disfrutan de estar en Los Andes suramericanos.

Esperemos que sigan naciendo muchos más, es importante cuidar de cada especie que habita en la Tierra y no dejar que la ambición nos permita destruirla.

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