Por Daniela Morano
14 mayo, 2019

Hasta sus 3 años, vivió siempre encerrada en una jaula y sus huesos jamás llegaron a desarrollarse.

Cuando Isabela Zapata y sus amigos vieron a un rottweiler abandonado en una calle de Florida, no podían creerlo. Se veía desnutrida y deshidratada, lista para pasar a mejor vida. Susanna, la perrita, había sido abandonada por su antiguo dueño en ese basurero donde no podía ni levantar su cabeza.

Zapata suele revisar estos sectores buscando perros abandonados pues es algo que ocurre con frecuencia, y cuando se encontró con Susanna de inmediato llamó al refugio Gulfstream Guardian Angels Rottweiler, quienes aceptaron cuidarla.

“Abandonan animales ahí como si fuese parte de su rutina. Es un lugar muy peligroso porque pasan muchos camiones muy rápido. Es horrible. Muchos no sobreviven”, dijo Laurie Kardon, miembro del refugio, a The Dodo.

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Susanna no podía caminar, así que Zapata y los voluntarios tuvieron que subirla a una camilla para subirla al coche donde la llevarían hasta el veterinario. Ahí le inyectaron fluidos y le tomaron muestras de sangre. Estaba completamente paralizada y nadie sabía el motivo, no creían que pudiese siquiera caminar.

Después de unos días, se estabilizó y fue transferida al Hospital Veterinario Clint Moore en Boca Raton, donde le realizaron más exámenes, gracias a los cuales pudieron dar con la causa de su enfermedad. No tenía problemas en la columna ni sus huesos… el problema fueron sus dueños.

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“Tenía artritis y deformaciones en sus patas, lo que nos hace pensar que la tenían encerrada en una jaula desde que nació. Es probable que haya vivido así casi toda su vida y haya sido utilizada en un criadero. En estos lugares, cuando ya no les sirven las perras, las abandonan”.

Con sólo 3 años Susanna había sufrido ya demasiado, pero no por eso se había rendido.

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“La primera vez que la vi, levantó su cabeza y lamió mi cara. Ahí lo supe… esta chica quiere vivir. Haríamos todo lo necesario por salvarla”, dijo Kardon.

Entre los voluntarios del refugio y los veterinarios comenzaron un plan de recuperación. Le compraron comida de calidad para que subiera de peso y tuviese fuerza, y cuando pudiese, haría terapia física. Con mucha comida y amor, Susanna comenzó su rehabilitación y en menos de una semana ya podía hasta nadar.

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Poco a poco fue mejorando, moviendo la cola de lado a lado cada vez que alguien nuevo se acercaba a ayudarla. “Está muy feliz, es quizás la primera vez en su vida que se siente así”.

Un mes más tarde comenzó a jugar con otros perros y a prepararse para ser adoptada.

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“Es un testamento a su raza. Es fuerte, determinada y valiente, pero también dulce y amable. Tiene el corazón de un rottweiler, seguro”.

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