Por Diego Aspillaga
26 mayo, 2020

«Moira» estaba enferma y su dueño no quería ayudarla, por lo que pidió que la mataran. Afortunadamente, un hombre decidió rescatarla, darle medicamentos y demostrarle que no todas las personas son malvadas.

Existen personas que harían lo que fuera por sus mascotas. Sin importar si nacieron perfectamente sanas o si tiene problemas de salud apenas abren sus ojos, muchos se comprometen con sus animales como si fueran un miembro más de la familia que hay que aceptar, amar y cuidar.

Pixabay

Existen otros en cambio, que ven a perros y gatos como meros objetos, accesorios que complementan su imagen o los entretienen un momento y que apenas presentan algún «defecto» o no son como ellos esperaban, buscan deshacerse de ellos sin pensar en el animal que tanto los quiere y que daría la vida por ellos. 

Este fue el caso de Moira, una perrita de apenas 9 meses que fue llevada por su dueño al veterinario para ser sacrificada porque tenía una enfermedad parasitaria llamada leishmaniasis canina, la que causa desnutrición, atrofia muscular, letargo, mucosas, cojera e inflamación, entre otros males. 

Takis Shelter

Si bien es grave, la leishmaniasis canina tiene cura. Esto, sin embargo, no le importó al dueño de Moira, el que no estaba dispuesto a ayudarla ni a darla en adopción y que sólo quería que la durmieran para salir del problema.

Afortunadamente para al perrita, esto no sucedió gracias al gran corazón de Theoklitos Proestakis, dueño del refugio de animales griego Takis Shelter, quien decidió salvar al animal de su muerte y darle una segunda oportunidad.

Proestakis fue al veterinario cuando vio a este triste animal esperando en soledad, con una triste mirada que demostraba una pena inmensa. Cuando el hombre preguntó por qué el animal estaba solo, le explicaron que su dueño había decidido dejarlo ahí para que lo sacrificaran en vez de tratar su enfermedad.

Takis Shelter

Furioso y muy conmovido con el animalito, el dueño del refugio Takis Shelter no lo pensó dos veces y se ofreció para adoptarla, tratar su enfermedad en sus instalaciones y salvarle la vida. 

Moira no era un caso fácil de tratar ni mucho menos de ver. La perrita demostraba señales de haber sido maltratada en el pasado y aparte de los síntomas de la enfermedad tenía las orejas cortadas y otras heridas. Esto, además de dejarla muy débil, la tenía aterrorizada, deprimida y reacia a relacionarse con los humanos.

Pero lejos de rendirse, Proestakis se tomó el desafío de ayudarla con mucha seriedad y logró que la perrita tuviera el final feliz que tanto merecía.

Si bien los primeros días en el refugio fueron estresantes y tristes para Moira, quien pasó días enteros en las esquinas del lugar mirando a las paredes rogando que no la tocaran, con el tiempo se puedo relajar al ver que los voluntarios sólo querían lo mejor para ella. 

Después de unas semanas de tratamiento con medicamentos, paciencia y mucho amor, Moira comenzó a demostrar un avance notable. La perrita se veía mucho más confiada, sana y ágil. Parecía que su pasado estaba detrás de ella y que el futuro presentaba una brillante posibilidad de ser feliz.

Pero fue justo en este feliz momento de su vida en que su pasado llegó a tocar a su puerta a devolverla a la terrible vida que tenía antes de ser llevada al refugio Takis Shelter: su antiguo dueño, ese que la había dejado en un veterinario para morir, la quería de vuelta ahora que estaba sana y feliz.

Takis Shelter

Para la suerte de esta tierna perrita, Proestakis se negó rotundamente a entregarla al hombre que la maltrató y casi la mata por estar enferma.

Con ese mal dueño ya en el pasado, Moira sigue feliz en compañía de Proestakis, los otros voluntarios y perros que viven con ella a ala espera de encontrar a una familia definitiva que le entregue todo el cariño y la preocupación que se merece.

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