Por Lucas Rodríguez
16 febrero, 2021

A veces el ingenio humano puede hacernos la vida más fácil a nosotros, o darle una segunda oportunidad a los animalitos con los que compartimos nuestra vida.

Si tuviéramos que elegir una característica que nos separa del reino animal, es la capacidad que tiene la humanidad para sentir compasión y actuar motivado por ella. La vida salvaje puede ser hermosa en lo poco predecible que es y las maneras que se las ingenia para abrirse un espacio en el mundo, pero también puede ser brutal. Cuando un animalito nace con alguna deformidad, la respuesta de sus padres, y con ello, del sistema en general, tiende a ser el abandono. 

Unsplash – Foto Referencial

Resulta que cuando se trata de la supervivencia de la especie, no hay espacio para miembros débiles.

La humanidad piensa distintos. Una parte importante de nuestros recursos, tiempo e inteligencia está dirigida en darle otra oportunidad a las personas o animales que llegaron al mundo con dificultades para enfrentarse a él. Es una de las cosas más bellas que tenemos. 

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Así mismo lo demuestra Stacey O’Shea, la encargada del The Garden Sanctuary.

@thegardensanctuary1

Ubicado en Wolverhampton, Reino Unido, el refugio se encarga de darle un hogar a toda clase de animales abandonados o en necesidad de un poco de ayuda. Entre ellos estaba un pequeño pez dorado, que desde que fue puesto en el agua de su nuevo tanque, demostró que tenía un problema bastante grave: por un problema en sus aletas, no conseguía nada bien, ni tampoco, mantenerse con el estómago hacia abajo. 

Si viste Buscando a Nemo, tienes muy claro lo que pasa cuando los peces quedan boca abajo.

@thegardensanctuary1

En busca de soluciones con las que ayudar al pequeño pez, Stacey dio con una que es celebrada tanto por su compasión, como por su ingenio. La compasiva cuidadora consiguió crear una suerte de chaleco salvavidas para el pez. Hecho en base a tubos y otros desechos materiales, el pescado fue envuelto en este sistema que contrapesa sus dificultades, consiguiendo que pueda nadar sin problemas como cualquier otro pez. 

@thegardensanctuary1

Stacey contó su historia por Facebook, donde fue recogida por varios medios de su país, así como otros internacionales. Dado que es ‘solo un pez’, cualquiera podría creer que no hay ningún problema en dejar que la naturaleza siga su curso.

Pero así somos las personas: nuestra compasión no distingue entre quién ni por qué. Basta con que veamos a alguien con una necesidad, para entrar en acción. En este caso, incluso un pequeño pez dorado valió la pena el esfuerzo. 

 

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