Por Lucas Rodríguez
30 diciembre, 2019

Ninguno de los empleados hace tanto por los recién llegados como él. Si pudieran, lo nombrarían director.

Los refugios de mascotas son lugares que el sentido común no debería permitirnos mantener. Cuestan dinero, trabajo y tiempo, pero no dan ningún tipo de beneficio directo a las personas. Sin embargo, el carió que sentimos hacia las mascotas, y las responsabilidad que asumimos hace miles de años cuando los invitamos a ser parte de nuestras vidas como seres humanos, vuelven imprescindible la existencia de lugares que se dedican exclusivamente a cuidar de los animales que debido a una razón u otra, necesitan toda la ayuda que se les pueda dar. 

Ningún gatito o perro debería pasar sus noches solo en la calle, luchando por conseguir algo para comer. La solución es que sean acogidos por un refugio, pero esto no siempre signifique que sus problemas se hayan acabado. Las personas solo podemos hacer ciertas cosas. Por eso es que cuando otro de los compañeros de las mascota desamparada se ofrece a ayudar, parece que estamos haciendo lo correcto. 

@_hellokirosrescue

En el refugio de mascotas de la Best Friends Animal Society, ubicado en Los Angeles, California, hay un empleado muy especial. No cobra sueldo ni tiene horario. De hecho, vive en el refugio, durmiendo entre los gatos. Si estabas esperando una foto de un hombre disfrazado de felino, lamentamos decepcionarte.

Se trata de Z, el gato más viejo y experimentado del refugio, quien se tomó la atribución de ser quien recibe y se encarga de ambientar a los recién llegados.

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El nuevo discípulo de Z es Finn, un gatito de seis meses, traído directamente desde la calle. Finn estaba enfermo: una complicación respiratoria se llevaba la gran mayoría de sus energías, dificultando mucho tanto sus procesos de recuperación, como los de adaptación al lugar que estaban llevando a cabo los empleados. 

Pero Z no los iba a dejar trabajando solos. Acercándose a Finn, lo acogió. Ahora los dos gatos no pasan un día sin dormir la siesta juntos o recorrer los juegos y pasillos del lugar, lado a lado, pata con pata.

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Finn se ha recuperado cada vez mejor, no en menor cantidad gracias a las ayudas que Z dio a quienes cuidan de ambos gatos. Ahora la discusión dentro del refugio se ha tornado en otra: ¿deberían darle un contrato y sueldo a Z? Después de todo, el gato hace tanto como cualquier de los voluntarios por mantener un ambiente agradable y cuidado dentro del refugio. 

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Quizás el sindicato del refugio tenga que intervenir. Si ocurre esto, no nos parecía raro enterarnos que Z llegó a ser el presidente.

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