Por Javiera González Ruiz
6 septiembre, 2018

“Inmediatamente miramos por la puerta trasera corredera de vidrio y él nos estaba mirando a través de la puerta”, contó la nueva dueña de casa.

Cuando uno se cambia de casa, espera partir una vida nueva. Sin embargo, es muy posible que los propietarios anteriores dejen algunas cosas que no quieran llevarse porque no les sirve, no les interesa o desean olvidar. Miranda y su pareja estaban por pasar por una situación similar, pero esperaban encontrar la menor cantidad de cosas posibles en su nueva vivienda.

Y así fue. Al llegar estaban felices de por fin finalizar todo el papeleo y mudarse… pero una extraña nota los tomó por sorpresa.

Al verla, enseguida supieron que había sido escrita por los antiguos propietarios, pero jamás esperaron la extraña solicitud que contenía: el nuevo hogar venía con un invitado especial del que no habían podido hacerse cargo y esperaban que ellos lo hicieran.

En la carta les contaban que hace algunos años había llegado un gato al patio trasero que nunca los había abandonado. Como no se iba, ellos habían comenzado a alimentarlo e incluso le habían comprado una pequeña casa para que no pasara frío cuando el clima se volviera adverso… y ahora que se marchaban, no podían llevárselo.

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“Bienvenidos a nuestro amado hogar ¡Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros! Les pedimos un favor, no tienen que hacerlo, pero les agradeceríamos si lo hacen.
En el patio trasero hay un viejo gatito naranja que vive allí. Es salvaje y nació en nuestro patio hace 12 años. Tiene una pata herida y no te dejará acercarte. Lo alimentamos todos los días dos veces al día y hace varios años.
Generalmente le damos algo de comida seca o mojada para gatos con un poco de agua en el porche que está en el patio. Le compramos una pequeña casa para el invierno y los días lluviosos, que está contra la pared en el patio. Realmente apreciaríamos que continúes alimentándolo. Odiamos tener que dejarlo.
Dios los bendiga y bienvenidos a su nuevo hogar”.

Sorprendidos, aceptaron enseguida la solicitud. Y no pasó mucho tiempo antes de que el pequeño peludo se diera a conocer.

“Inmediatamente miramos por la puerta trasera corredera de vidrio y él nos estaba mirando a través de la puerta” contó Miranda a The Dodo.

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Raz, como lo llamaron, tuvo suerte de que fuese esta pareja los nuevos dueños de la casa, pues eran unos amantes de los gatos e incluso tenían cinco pequeños rescatados. Así que definitivamente estaba en buenas manos.

Cuando pudieron acercarse, después de múltiples intentos, descubrieron que la herida en una de sus patas debía ser examinada por un veterinario.

“Solía ​​esconderse cada vez que veníamos a la puerta. Ahora podemos sentarnos afuera con él. Viene y come ahora cuando la puerta está abierta, cosa que no hacía antes. Ahora también viene a la puerta y maulla para que sepamos que él necesita comida” dijo su nueva dueña.

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Pero como él aún no tiene la confianza suficiente, están esperando pasar más tiempo juntos para poder llevarlo a un especialista sin que sufra o se asuste demasiado.

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