Por Lucas Rodríguez
24 marzo, 2020

Italia es el país que más ha sufrido con la pandemia de coronavirus. Un rayo de luz como este les hace de maravilla.

De todos los países que se las han tenido que ver con el coronavirus, los números y las noticias nos dicen que es Italia el que se ha estado llevando la peor parte. Es cierto que en China fue donde se desató la pandemia, que pasaron semanas terribles repletas de tragedias, y que la única solución fue un draconiano mandato de cuarentena nacional. Pero las medidas funcionaron: la curva de contagios ha bajado, al punto de que incluso están considerando levantar la cuarentena en Wuhan, la ciudad donde todo inició. Comparado con esto, Italia no parece estar ni cerca de salir de la peor parte del contagio. 

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Las cifras de contagiados y víctimas fatales se suman día a día, sin que parezca que el país se acerque a una solución definitiva al problema. Todo el resto del mundo los mira con lástima, deseando no tener las manos llenas tratando con el coronavirus dentro de sus propias fronteras y así tenderles una mano de ayuda.

Pero la realidad es que si uno no tiene seguridad en su propio patio trasero, es poco lo que puede hacer por los vecinos. Italia tendrá que resistir por su cuenta un tiempo más.

Sabrina Baronio

Para suerte de ellos, estamos hablando de una nación que cuenta con personas famosas por su calidez, gracia y carisma. No es un país que se caracterice por producir personas ariscas y reservadas; todo lo contrario.

Por eso es que una joven italiana llamada Sabrina Baronio, residente de Milán (una de las primeras ciudades en sufrir el azote de la enfermedad), intentó subir el ánimo de sus compatriotas de una manera muy particular: mostrando que incluso en una situación como la que están viviendo, pueden existir situaciones positivas. Incluso bellas.

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La que ella descubrió, es que con su ciudad libre de las miles de personas que la transitan todos los días, algunos de sus habitantes más tímidos han decidido salir de sus escondites.

Estamos hablando de los conejos, a quienes vemos ocupando las plazas y espacios verdes como si siempre les hubieran pertenecido. Es un espectáculo muy peculiar, que casi nos hace pensar que al sindicato de magos de Milán se les abrieron las jaulas o algo por el estilo.

Nunca pensamos que podrían haber tantos conejos en una ciudad. 

Sabrina Baronio

Quizás cuando salgamos de esta lamentable realidad, los conejos puedan seguir teniendo su espacio entre la vida cotidiana de las personas.

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