Por Diego Aspillaga
22 enero, 2020

El pequeñito de dos semanas de vida estaba tan hinchado que su dueña temía por su salud. Después de una costosa radiografía, se dieron cuenta que lo único que tenía que hacer era darle menos comida.

Así como los padres de niños pequeños, existen dueños de mascotas tan pero tan preocupados que a veces suelen exagerar un poco los síntomas de sus animalitos.

Dispuestos a hacer todo lo posible para asegurar la salud y bienestar de sus mejores amigos, estas personas son capaces de mover mar y tierra por ellos. Si su salud está en riesgo, no importa el precio que tengan que pagar, nada es demasiado para sus preciadas mascotas. 

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Este fue el caso de Irene Kang, una mujer de Tailandia que estaba muy preocupada por su nuevo gatito de dos semanas de vida. A pesar del poco tiempo que llevaban juntos, ella estaba dispuesta a hacer l o que fuera por ese tierno felino.

Si el gato necesitaba comida, se la daba. Si necesitaba juguetes, se los compraba. Y si algo le molestaba, haría lo que estuviera a su alcance -y más- para hacerlo sentir mejor.

Irene Kang

La dueña notó que su tierno compañero estaba muy hinchado y que tenía dificultades para moverse. ¿Serán parásitos? ¿algún defecto de nacimiento? ¿un tumor maligno? No estaba dispuesta a arriesgarse.

Es por esto que lo llevó raudamente a un costos médico veterinario y le dijo que no pensara en los costos. Este gato era su vida y no iba a escatimar gastos para salvarlo.

El especialista tomó las instrucciones de la mujer a pecho e hizo todos los exámenes, radiografías y análisis que podía para determinar la causa de la hinchazón mientras la preocupada dueña esperaba impaciente en la sala de espera.

Irene Kang

Pasaban los minutos y aún no había respuesta. Irene estaba abrumada, cada segundo extra significaba que el diagnóstico de su gato sería peor. Pero todas sus sombrías teorías se fueron al piso cuando vio al doctor entrando a la sala de espera con una sonrisa en su rostro. 

Luego de analizar toda la información, el veterinario determinó que el gatito estaba en perfectas condiciones. «¿La causa de la hinchazón?», preguntó la mujer. «Gordura», le respondió el especialista entre carcajadas.

Resulta que Irene quería tanto a su mascota nueva que no dejaba de mimarlo con comida, por lo que su panza había crecido mucho. Y, al ser tan pequeño y joven, sus extremidades apenas podían levantar su peso. 

Irene Kang

Irene pasó de la preocupación a la vergüenza en un segundo. Después de pedir disculpas al doctor y pagar la abultada cuenta médica de su gordo gato, se fue a su casa con su mascota.

No fue hasta unas horas después que comenzó a reír a carcajadas de la situación y compartió las imágenes de su felino en redes sociales, donde su post se volvió viral en minutos. Cerca de 100 mil personas disfrutaron de su historia y compartieron experiencias similares con sus tiernas mascotas.

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Irene sigue mimando a su gato, pero ahora con más caricias y menos comida. El pequeño ahora puede moverse con más fluidez,  juega y salta como un gatito normal. 

 

 

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