Por Lucas Rodríguez
5 agosto, 2019

Fue abandonada a su suerte cuando tenía a sus pequeños en el vientre. No habrían durado mucho si no fuera por los rescatistas de animales de Montreal.

Hay cosas en nuestras vidas que simplemente damos por hecho. Una de ellas es tener un techo sobre nuestras cabezas. Está ahí cuando nos levantamos y no se va a haber ido a otro lugar cuando volvemos por las noches. Pero para muchas personas, esto no es una realidad. A veces se pasan por momentos duros, teniendo que tomar decisiones igualmente difíciles, en las que muchas veces, terminan sufriendo los que menos se le esperan.

Así le ocurrió a una gata persa, una raza que suele ser cara y muy preciada por sus dueños, pero que de un día para otro, se encontró lanzada a las calles. Sus dueños se vieron en una situación de crisis, teniendo que deshacerse de cualquier cosa que no fuera de vital importancia. Por triste que resulte decirlo, la gata no cayó dentro de esta lista.

@Rescuechatonsmontreal

Nadie sabe cuánto tiempo tuvo que pasar en las calles, acostumbrándose a una vida de hambre y robo para la que nadie la crió. Pero al ser rescatada, estaba en los huesos. Su pelo estaba repleto de motas y nidos de garrapatas. Pero lo más preocupante era que mientras sus patas parecían casi solo piel, su estómago estaba hinchado como un globo. 

No solo la habían abandonado, sino que lo habían hecho cuando se encontraba esperando para dar a luz a una camada de gatitos.

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Una mujer llamada Isabella se enteró de la condición de la gata cuando vio una foto por redes sociales. Una vecina de ella la había alcanzado a fotografiar, pero cuando se intentó acercar, el animal huyó. Isabella concluyó que quien fuera la persona que la había abandonado, también le había infundido un profundo miedo a las personas. 

Al día siguiente llevó con ella una cajita de gatos y se sentó a esperar en el sector donde había sido vista la gata. Al par de minutos apareció, pero se mostró desconfianda. Solo después de un poco más de una hora de espera se convenció de responder a los llamados. Isabella se acercó para tomarla: temía que la fuera a rasguñar. Para su sorpresa, la gata se dejó tomar sin ningún problema. Había entendido que era por su bien. 

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La gata fue llevada al refugio de Chatons Orphelians, de la ciudad de Montréal. Los veterinarios fueron veloces en asistir a la gata, lavándola, cortándole su pelo enmarañado y más importante que todo, asistiéndola para que pudiera parir a sus gatitos.

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Lo que nadie se esperaba, es que la mayor dificultad que el animal les ofreció, fue lo cariñosa que se había vuelto. Los veterinarios tenían que quitársela de encima, tal era la gratitud que les estaba dando. Cuando llegó el momento, asistieron a la gata en el parto, el que resultó un rotundo éxito. 

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Gata y gatitos fueron adoptados por Stephanie, una de las voluntarias del centro. La gata no la deja en paz para darle cariño o llenar la casa con sus gentiles y dulces maullidos. Ahora tiene sobre su cabeza un techo y a su lado, una persona que nunca le hará daño. 

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