Por Romina Bevilacqua
29 diciembre, 2014

*Este artículo fue escrito originalmente por Andy Bellatti, un nutricionista que se enfoca en los alimentos vegetales y granos enteros y usualmente escribe sobre políticas sobre la alimentación. 

Cada vez que ingreso a algún tipo de red social, se me viene a la memoria una creciente tendencia que me genera preocupación: llamémosla “tribalismo alimentario”. Utilizo este concepto para referirme a los varios grupos segmentados que poseen puntos de vista relacionados con la alimentación que entran en conflicto. Grupos que, en gran medida, no se dan cuenta de cuánto tienen en común.

Un artículo del New York Times que habla acerca de los “desafíos de la alimentación basada en vegetales en un mundo basado en la alimentación con carne” me dejó pensando, ya que describía los esfuerzos de varias personas para adoptar un estilo de vida vegano y cómo se encontraban enfrascados en desafíos. No solo creí que esta visión era problemática (primero porque no todos encuentran una gran dificultad en esta transición) sino que también me sorprendí por cómo se repetía un paisaje conocido pero al mismo tiempo impreciso: que uno es o vegano o una persona que se puede comer una vaca entera de un bocado.

Pero me molesta aun más que los comentarios se volvieron algo así como “el veganismo no es natural” versus “todo el mundo debiese volverse vegano”. Fue casi como el microcosmos perfecto de lo que ocurre en el mundo de la comida cuando, en vez de hablar de temas que podamos tener en común, tomamos partido de alguno de los dos lados. Toda esta guerra deriva de una conversación más importante.

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De la manera como yo lo veo, todos necesitan comer más alimentos a base vegetal y menos comida procesada, y necesitan ser más conscientes del origen de su comida, cómo es cultivada, cómo se trató a la gente que la cultivó, y cómo nuestras elecciones alimenticias afectan al medio ambiente. Pero estos mensajes están siendo opacados por el tribalismo alimentario en vez de llegar al subconsciente colectivo. Y ahora tienes, solo por nombrar a algunos, a los vegetarianos, a los veganos más extremos, a los que tienen una dieta con pocos carbohidratos, y los frugívoros. Y aun cuando existe algo productivo y empoderador en el hecho de comprometerse y conectarse con individuos que piensen parecido, estos grupos usualmente se transforman en cámaras de resonancia donde todo el mundo señala lo equivocados que se encuentran en las otras «tribus».

En el intertanto, se sigue produciendo una gran cantidad de comida chatarra altamente procesada, los niños siguen desarrollando diabetes tipo 2 (alguna vez conocida como “diabetes no-insulino dependiente”), las cultivos modificados genéticamente (y los pesticidas a los que pueden resistir luego de un gran trabajo de ingeniería) se encuentran casi en todas partes, y el apoyo alimenticio para los pobres se encuentra bajo amenaza.

En toda nuestra declaración de “no, pero tengo esta tonelada de investigaciones que me respaldan”, fácilmente miramos en menos un punto importantísimo de unión: todos estamos buscando lo mismo. Salud y conciencia.

Independiente de nuestros puntos de vista en relación al tofu, la leche de vaca, y el aceite de coco, la mayoría de nosotros que somos apasionados por la nutrición y el bienestar, no estamos felices con la Dieta Estándar Americana (o Standard American Diet) o con el hecho que los alimentos altamente procesados y escasamente nutricionales sean la norma. El hecho de que millones de personas prácticamente no tengan acceso a comida fresca y saludable nos hace enojar. No queremos que la comida de nuestros niños esté saturada con colorantes artificiales. No podemos creer que en una dona del Dunkin’ Donuts con sabor a mora hayan cerca de 30 ingredientes. Estamos alarmados con el tipo de alimento que recibe un estudiante de preparatoria en su casino. Nos atemoriza la fuerza con la que Monsanto se aferra a la agricultura mundial.

Por supuesto que vamos a tener diferencias. Ciertamente no estoy de acuerdo con las escuelas que consideran a las fibras como inútiles o piensan que la fruta debiese sólo ser comida antes del mediodía o la idea que todos los humanos deben comer carne. Y me río un poco cuando escucho a las personas decirme que piensan que todo tipo de cereales y legumbres son como “veneno”.

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Como un profesional de la nutrición, soy bien claro a la hora de ver que la información nutricional básica se malentiende, y veo que las compañías de alimentos intentan pasarnos “gato por liebre” con basura procesada haciéndola ver como “mejor para ti” simplemente porque, por ejemplo, la azúcar ha sido reemplazada por aspartamo.

Pero es el tira y afloja entre miembros de diferentes “tribus alimentarias” lo que me complica más. Con frecuencia pienso en todo el poder que podría ser derrotado si paráramos y uniéramos fuerzas en contra de algunos temas que son claves, como por ejemplo: alejar los colorantes y las grasas transgénicas de nuestra comida, pedir que al menos se etiquete los organismos y hormonas artificiales modificadas genéticamente, liberar a las escuelas de los alimentos vacíos nutricionalmente, y entregar más acceso a alimentos sanos en “desiertos de comida”.

¿Quién, después de todo, puede asegurar que está en contra de un sistema de alimentación mejor? Ahora más que nunca, los defensores de la carne de origen sustentable y los fans del tempeh necesitan poder sentarse en la misma mesa.

Visto en:Grist

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