Por Daniela Morano
10 octubre, 2018

Cuando la rescataron no pensaron que sobreviviría, pero no querían abandonarla. Ahora hasta tiene un compañero con quien destruir cosas.

Los perros son seres maravillosos que merecen todo nuestro amor y cariño, sea cual sea su estado mental o físico. Cuando son perritos que han vivido una vida difícil tras ser abandonados o haber nacido en la calle, es aún más importante darles un techo bajo el cual sentirse seguros y rodeados de personas y animales que los quieren.

Cora Rose es uno de esos perros que casi no sobrevive debido a la cruel mano del ser humano. Cuando el año pasado en Madera, California, Core Rose llegó a un refugio con sus dos patas delanteras gravemente heridas no estaban seguros de que lograría vivir mucho más tiempo. Alguien probablemente la atropelló, provocando la rotura de sus huesos y mucho dolor, motivo por el cual sacrificarla para que estuviese en paz no era una idea lejana.

Instagram marleysmutts

Sin embargo cuando  llegó a una organización que se dedica a cuidar animales, Zach y Heather Skow se encontraron con ella, y su calidad de vida cambió por completo. Una de sus patas ya había sido amputada porque tenía una infección y estaba a punto de perder la otra pero en el día de San Valentín y Zach y Heather la conocieron y decidieron darle un hogar permanente. No sería una tarea fácil, pero era algo que estaban dispuestos a intentar.

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“No estábamos seguros si la decisión correcta era salvarla”, dice Heather a The Dodo, debido a que Cora podía sufrir gran parte de su vida en ese estado.

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A medida que se recuperaba y tenía más fuerza en sus patas traseras, la perrita podía pararse y mover su cola como cualquier perro. Le consiguieron una silla de ruedas especialmente para ella y se divierte como cualquier otro perro en el parque. Hasta puede correr.

Y, como todo perro, pasa mucho de su tiempo haciendo travesuras. La más memorable hasta ahora fue cuando llegaron a casa un día y le encontraron en sus dos patas parada sobre el algodón que sacó de la cama que acababa de destruir.

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“Tuvo ayuda de su amigo pit bull, Avery. Él empezó y ella lo ayudó”, se ríe explicando Skow. “Es la perrita más feliz”.

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