Por Antonio Rosselot
7 febrero, 2020

Zvezda, de 4 años, fue fotografiado en un parque nacional al sur de Rusia, justo en la frontera con Mongolia. Como sólo se ha dejado ver muy pocas veces, mirarlo bajo ese increíble tono rosado es realmente un regalo de la naturaleza.

De vez en cuando, los adelantos tecnológicos nos permiten conocer a fondo cosas con las que, de otra manera, nunca podríamos estar en contacto. Eso es lo que sucede con las cámaras ocultas puestas en sitios salvajes, las que nos permiten ver a los animales salvajes en poses y actitudes realmente increíbles.

Dicho eso, les dejamos la foto de este particular felino, un leopardo de las nieves —también conocido como irbis—, tomada con luz de mañana en el Parque Nacional Saylyugem de Rusia, ubicado en el macizo de Altai, a poca distancia de la frontera con Mongolia.

The Siberian Times

El leopardo, bautizado como Zvezda («Estrella» en ruso), se ve aún más bello con la luz rosada que proyectan los primeros rayos del sol; se parece a una versión en carne y hueso de la famosa Pantera Rosa, sólo que mucho más impactante.

Zvezda, de 4 años, es uno de los 17 felinos registrados en el parque nacional, y la última vez que había sido visto fue en 2018; antes de eso, se le fotografió en 2017 cuando era un cachorro, acompañado de su madre. Su secretismo es total: ni siquiera saben cuál es su género.

Zvezda, fotografiado en 2018. (Elena Schneider)

Estos leopardos viven muy arriba en la montaña y son extremadamente cuidadosos con cada detalle, por lo que cada foto que se les hace con estas cámaras ocultas aporta una información valiosa respecto al bienestar y estabilidad de la población de leopardos de las nieves en la zona.

Elena Schneider, una ornitóloga que trabaja en la zona, fue quien capturó las imágenes de Zvezda en 2018. En una entrevista señaló que ver a este leopardo de las nieves fue como «conocer a un dragón. El gato estaba echado, como si hubiese querido que le hicieran fotos».

Elena Schneider

Hacemos hincapié en que ver a uno de estos felinos es extremadamente difícil, no sólo por su cautela característica, sino que porque hay poquísimos ejemplares en el mundo. Para dar una referencia, en el enorme territorio de Rusia hay sólo entre 70 y 90 ejemplares, de los cuales unos 30 circulan por todo el macizo de Altai.

Debemos agradecer la posibilidad de poder ver a estas criaturas divinas, las que cada vez que aparecen, nos honran a nosotros los humanos, seres inferiores. ¡No merecemos tanta belleza!

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