Por Romina Bevilacqua
19 septiembre, 2014

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Las almendras son un preciado alimento: son una crujiente inyección de proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales, y sobre todo exquisitez. Probablemente deberíamos considerarlos una delicadeza, un regalo especial. Por es profundamente extraño pulverizarlas, ahogarlas en agua y enviarlas al mundo en pequeños cartones. ¿Cuál es el punto de la leche de almendras, exactamente?

El reporte “Leche a base de plantas” de White Wave, informa que las ventas del primer trimestre de leche de almendras aumentaron un 50% respecto al mismo periodo en 2013. En un reporte de ganancias con los inversionistas en mayo, informado por FoodNavigator, el director general Greg Engles reveló que la leche de almendras ahora constituye las dos terceras partes del mercado de la leche a base de plantas en Estados Unidos, superando fácilmente a la leche de soya (30%) y las leches de arroz y coco (la mayoría del resto).

Los lácteos a base de leche de vaca siguen siendo los reyes, por supuesto. Comprenden el 90% del mercado de la “leche”. Pero a medida que nuestro consumo de la misma disminuye –de alrededor de 0,9 tazas por persona al día en 1970 a alrededor de 0,6 en 2010, según el Departamento de Agricultura de EE.UU– las alternativas a base de plantas están ganando terreno. Bloomberg Businessweek informa que las ventas de leches alternativas llegaron a US$1,4 mil millones en 2013 y se espera que lleguen a US$1,7 mil millones el año 2016, con la leche de almendras liderando ese crecimiento.

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Ahora es entendible que disminuya el consumo de leche de vaca, sobre todo porque la producción láctea a escala industrial es un negocio bastante desagradable y muchas personas no pueden digerir la lactosa, un azúcar que se encuentra en la leche de vaca fresca. Mientras la leche se ha convertido en una base en nuestra cultura alimentaria, especialmente en el desayuno donde nos aferramos a la tradición de generaciones de mojar los cereales en la leche, la leche de almendras, y los demás sucedáneos, ofrecen una manera de mantener esta práctica mientras se rechazan los lácteos. (La leche de almendras ha ido aplastando a la leche de soya, tal vez en parte debido a los temores de que crea desequilibrios hormonales).

Pero dejando todo eso de lado, si se comparan las porciones estándar de almendras (una onza, que equivale a un puñado) con una botella de 48 onzas de leche de almendras, existen grandes diferencias. En una sola onza (28 gramos) de almendras se pueden obtener  seis gramos de proteínas (aproximadamente el valor de un huevo), junto con tres gramos de fibra (un plátano mediano) y 12 gramos de grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas (la mitad de un aguacate).

Pero de acuerdo con su etiqueta, una porción de ocho onzas de leche de almendras (usaremos como ejemplo la marca Califia) ofrece solo un gramo de proteína y uno de fibra y cinco gramos de grasa. Una botella ofrece seis porciones de ocho onzas, lo que significa que un puñado de almendras contiene tantas proteínas como la poderosa jarra de esta bebida que tanto se vende.

Lo que esto nos dice es que la industria de la leche de almendra está vendiendo una jarra de agua filtrada con un puñado de almendras molidas. Lo que nos lleva a la cuestión de los precios y los beneficios. Si una caja de leche equivale a solo 28 gramos de almendras, sólo hay que hacer un pequeño cálculo para saber que es mucho más recomendable comprar un kilo de almendras que un litro de leche para obtener estos beneficios por un tiempo mucho más prolongado (Ya que un kilo de almendras durará bastante tiempo al dividirlo en porciones).

Y la gran cantidad de agua en la leche de almendras, por supuesto, no es ningún secreto. Por ley, los fabricantes de alimentos tienen que nombrar los ingredientes por orden de prevalencia en el producto. Para Califia y otras marcas de leche de almendras, esta lista comienza así: “agua filtrada, almendras”. Teniendo en cuenta que se necesitan 1,1 galones de agua para producir una sola almendra en California, donde se producen el 80% de las almendras del mundo, empapar el producto terminado con todavía más agua parece una locura.

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Califia además da un par de datos nutricionales ostentosos: “50% más de calcio que la leche”, declara la botella y “50% IDR de vitamina E”. Las almendras son una gran fuente de estos nutrientes vitales, pero no es para tanto. Nuestra onza de almendras enteras contiene 74 mg de calcio frente a los 290 mg de una taza de leche entera y 7 mg de vitamina E, alrededor del 37% de la ingesta diaria recomendada. Entonces, ¿Cómo la bebida de Califia logra superar a las almendras en calcio y vitamina E, mientras se queda tan atrás en las proteínas y la grasa? Una vez más, la respuesta está en la lista de ingredientes, lo que revela la adición de una “mezcla de vitaminas/minerales”. Todo bien y bueno, pero si estás interesado en la adición de nutrientes, ¿por qué no simplemente te tomas una píldora de vitaminas?

Además, la leche de almendras no son sólo son unas cuantas almendras con mucha agua. A menudo contiene aditivos. Por ejemplo, además de las vitaminas, el producto Califia, como muchos de sus rivales, contiene pequeñas cantidades de carragenina, un derivado de algas marinas comúnmente usado como un estabilizador en las bebidas. Científicos académicos en Chicago han planteado preocupaciones de que esto podría causar inflamación gastrointestinal.

La industria, por su parte, tiene por objeto mantener su lucrativo modelo de leche de almendras. FoodNavigator informa que White Wave está creando una empresa conjunta para comercializar sus leches de origen vegetal en China, donde están locos por las almendras.

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