Por Diego Aspillaga
14 enero, 2020

Si bien no podrá ser liberada al océano, la nueva aleta de Goody le permitirá tener una mejor calidad de vida y volver a hacer lo que más le gusta: nadar.

Goody no podía moverse por sí misma hace años.

CBC.ca

La tortuga de mar tailandesa había perdido su aleta izquierda luego de quedar atrapada en una red de pesca y desde ese día su vida nunca fue la misma.

Si bien tuvo la suerte de ser rescatada y llevada a un centro donde podían cuidarla, la tortuga ya ni siquiera podía nadar por sí sola. Estaba decaída todo el día, no tenía mucho entusiasmo y no era difícil el por qué. 

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Pero sus rescatistas no iban a dejar que una red truncara el futuro de Goody, por lo que idearon un plan para que vuelva a nadar de nuevo.

Luego de muchos diseños fallidos, los cuidadores de Goody al fin dieron en el clavo y le presentaron a la tortuga un regalo que le cambiaría la vida: una aleta artificial.

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Si bien le costó acostumbrarse en un principio, la tortuga aprendió rápido y en cuestión de días pudo nadar nuevamente. 

«Está nadando mucho mejor y está aprendiendo a usar las dos aletas para girar. Puedes ver la diferencia», dijo a CBC.CA Nantarika Chansue, una veterinaria que participó en el desarrollo de la aleta prostética de Goody, la primera de su tipo en Tailandia.

Durante el año pasado, las autoridades ambientales tailandesas y los investigadores de la Universidad Chulalongkorn en Bangkok han estado trabajando para desarrollar prótesis para tortugas marinas lesionadas, siguiendo proyectos similares en Japón y los Estados Unidos.

Si bien Goody no podrá ser liberada al océano, su experiencia con su nueva aleta ha sido inspiradora y su calidad de vida ha mejorado muchísimo. Esto también ha alentado a la comunidad científica a considerar producir más para ir en ayuda de otras tortugas heridas.

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Las tortugas marinas a menudo resultan heridas o muertas por actividades humanas, más comúnmente al ingerir plástico o quedar atrapadas en redes o líneas de pesca, que pueden detener la circulación de sangre a las extremidades.

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Ahora, gracias a la experiencia con Goody, se estima que al menos 10 otras tortugas heridas podrían tener aletas nuevas para poder volver a nadar. Y esto es sólo el comienzo.

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