Por Camila Londoño
18 abril, 2016

Ahora está aprendiendo a ser la osa que no pudo ser en tanto tiempo.

Durante 10 años, una osa pardo sirio llamada Fifi sirvió de entretención para viajeros que visitaban un zoológico en Pensilvania. El zoológico cerró sus puertas, pero lamentablemente, la vida de Fifi no cambió demasiado. De hecho empeoró. Ella y otros tres osos que estaban con ella estuvieron viviendo en las instalaciones del zoológico abandonado por 20 años más, en condiciones absolutamente desgarradoras. Estaban en pequeños espacios de concreto y nunca se les permitió salir de ahí.

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PETA

Después de 30 años de sufrimiento, el «dueño» de Fifi decidió rendirse y el equipo de PETA entró en acción.

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Verla ahí no pudo ser más doloroso.

Estaba llena de sarna y evidentemente sufría. Sufría mucho. También descubrieron que Fifi tenía un caso extremo de artritis; era complicado pues lo había tenido durante años y nunca había recibido ayuda. Pero eso no era todo. Fifi nunca había podido hibernar pues no se lo habían permitido. Su dueño creía que no debía hacerlo y que tenía que estar despierta durante todo el invierno, lo que obviamente es absolutamente dañino para su salud.

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PETA

Pero Fifi no era la única que sufría. Los otros tres osos estaban desnutridos (al igual que ella) y se movían de adelante hacia atrás en sus jaulas.

Era sorprendente que después de tanto tiempo siguieran vivos.

«La incapacidad del animal para escapar de estas experiencias puede llevar a la adopción de comportamientos estereotipados como un medio para hacer frente a un entorno de aversión. Algunos estudios han indicado que el comportamiento estereotipado produce un estado de trance».

Animal Welfare Institute

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Era difícil que Fifi se recuperaran, pero los rescatistas no querían rendirse.

La llevaron a un santuario en Colorado y por meses se centraron en su recuperación y en la de sus compañeros de encierro. Necesitaban que se adaptaran al lugar y a la dieta que les permitiría empezar a sanar.

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Tomó tiempo, pero las cosas empezaron a cambiar.

Fifi empezó a ganar peso y su estado emocional fue cambiando; por primera vez en mucho tiempo, ella y sus amigos podían sentir el pasto y el agua que nunca tuvieron durante 30 años en el zoológico abandonado.

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Sus vida, después de tantos años, parecía normal.

Ahora están aprendiendo a hibernar y por eso están durmiendo más de lo que deberían.

«Esto es normal el primer año que un oso rescatado trata de hibernar y el comportamiento no se repite el segundo año desde que aprenden el concepto».

-Wild Animal Sanctuary Colorado-

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¿Hasta cuándo? ¡No podemos seguir escribiendo historias como esta! 

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