Por Lucas Rodríguez
12 agosto, 2019

Los voluntarios del refugio necesitaron de toda la ayuda que pudieran conseguir. Una cachorra se ofreció para la tarea.

Puede que para nosotros, que vivimos en sociedades complejas, repletas de gente, dependiendo unos de otros para absolutamente todas nuestras tareas diarias, el mundo animal nos resulte un poco solitario y desalentador. Es cierto que existen animales que funcionen en manadas o grupos de individuos, como los lobos o las termitas. Pero la cooperación entre especies es algo que no se ve todos los días. Aun así, todos los animales tienen las capacidades de reconocer cuando otro ser vivo se encuentra débil y en necesidad de ayuda. 

Nadie mejor para esto que los perros. Por algo son empleados como rescatistas y en toda clase de áreas y ramas de las fuerzas del orden.

@foster.rinse.repeat

Demostrando que efectivamente son tan gentiles y preocupados como se cree, una perrita perteneciente al refugio para animales de Jacksonville Humane Society, decidió cruzar incluso la barrera más sagrada y prohibido del mundo animal: la que separa a los perros de los gatos. Eternos enemigos, rivales por los afectos de las personas, ambas mascotas no tienden a entender demasiado. Menos aun, a prestarse ayuda. 

Pero cuando alguien necesita ayuda, no importa el color de su pelaje ni el largo de sus bigotes. Un compañero en problemas siempre será un amigo.

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Cuando llegó al refugio, el pequeño Rhaegar se encontraba muy delgado. Tenía tres meses pero en su cuerpo solo se veía el desarrollo físico de un cachorrito mucho más joven. Al hacerle exámenes, notaron que su mala apariencia física era solo un triste reflejo de lo que ocurría en su organismo. Le comenzaron a dar antibióticos y dejaron en monitoreo constante. Cada segunda era una lucha por decidir si este pequeño gatito estaría ahí para ver comenzar un nuevo día. 

Pero en un momento que lo dejaron solo, notaron que entraba en acción un enfermera que no estaba dentro del staff regular del refugio. Era Grace, una de las mascotas del lugar. Cabe a lugar mencionar que Grace era una perrita pitbull de ya varios años.

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Grace no se separó del lado del gatito, asistiendo moralmente a quienes cuidaban del pequeño minino. Las semanas pasaron. Rhaegar comenzó a subir de peso, mostrar señales de salud y recuperar su independencia. Los veterinarios se dieron cuenta que ya pronto iba a poder hacer su vida prescindiendo de sus cuidados y atenciones constantes. 

Pero había alguien de quien no quería alejarse: Grace, la pitbull.

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Ya con su tamaño adecuado y completamente sano, Rhaegar no va a ningún lado sin antes ver qué está haciendo su mejor amiga. Grace a su vez no se aleja del pequeño gatito, revisando siempre que tenga todo lo que necesita. Es casi una historia tipo Romeo y Julieta, solo que envés de amantes, hay dos mascotas que se convirtieron en los amigos más inseparables.

@foster.rinse.repeat

Creo que deberían hace runa serie sobre sus aventuras. Es solo una idea.

 

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