Por Antonio Rosselot
8 septiembre, 2020

Luego de 2 horas de trabajo, un grupo de 37 miembros de organismos públicos, privados y residentes de la isla Puná (cantón de Guayaquil) lograron remolcar a esta ballena jorobada, que quedó encallada en la playa tras ser víctima de la marea.

Hace sólo unos días, la isla Puná (cerca de Guayaquil, Ecuador) fue el escenario de un suceso poco común: una ballena jorobada encalló en una de sus playas y estuvo varada por varias horas antes de ser devuelta.

Esta especie viaja más de 7 mil kilómetros cada año, desde la Antártica hasta las costas de Ecuador, donde se quedan para sus períodos de apareamiento y alumbramiento de crías.

De acuerdo con lo reportado por las autoridades, este ejemplar transitaba por la ribera de la isla y fue arrastrado hacia la playa debido la marea. Una vez encalló quedó boca arriba, aumentando su peligro de muerte.

Por lo mismo, se dio la voz de alerta y gracias a un esfuerzo conjunto entre varias instituciones públicas y privadas, la ballena pudo retornar al mar tras dos horas de intentos. Unas 37 personas se juntaron en la playa para realizar la maniobra, en la cual hubo fuerza humana y también de un bote de remolque.

IG: @cynthiaviteri

“La operación de rescate del cetáceo duró dos horas y se inició a las 15:00 para esperar a que subiera la marea. La empresa Guayatuna contribuyó con redes de pesca y un cabo para crear una especie de cama y remolcar a la ballena, que debido a su peso era impulsada por la embarcación”.

Alcaldía de Guayaquil en comunicado de prensa

Desde la Alcaldía de Guayaquil detallaron que se realizó un canal de agua para que fuese más fácil el movimiento de la ballena, además de reconocer los esfuerzos de las instituciones que participaron el rescate, como el Ministerio de Ambiente, los Comuneros y la Marina, entre otros.

A su vez Cynthia Viteri, alcaldesa de la ciudad, se volcó a sus redes sociales para demostrar su alegría: “¡Hoy es un día estupendo y estos logros hacen recobrar la fe en la humanidad, gracias a todos!”

Pero los residentes de isla Puná también tuvieron su cuota de participación y responsabilidad en este emotivo rescate, ya que se dedicaron a mantener hidratada a la ballena durante las incontables horas que estuvo varada, a punta de cubetazos de agua de mar y mantas humedecidas.

¡Un esfuerzo en conjunto con un resultado más que gratificante!

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