Por Lucas Rodríguez
5 febrero, 2020

Al pequeño le tocaba su revisión, pero él prefería seguir soñando con un banquete de bambú.

Algo ocurre en nuestro organismo cuando vemos un cachorro. Casi sin falta, los pequeños del reino animal nos disparan todos los aspectos del sistema nervioso, dejándonos completamente a merced de lo que sea. Un ataque de ternura de ese nivel es capaz de dejarnos listos para lo que sea: si los animales comenzaran a usar a sus crías como señuelo para cazarnos, estamos seguros que la especie humana desaparecería en cosa de días. Yendo incluso más allá, podemos incluso hacer una suerte de balance: mientras más salvaje sea el animal, más adorable será su cría. 

N hay cómo negarse a los encantos de una cría de tigre, jaguar o pantera. Son simplemente un gatito gordo pequeño y torpe, que está pidiendo que alguien lo apapache. Si no fuera porque su madre es capaz de descuartizarnos en cosa de segundos, correríamos a darles un poco de cariño a esos pequeños.

La envidia que nos genera pensar que hay gente que dedica su vida a tratar con esto cachorros, nos hace pensar que quizás nos equivocamos en elegir nuestro trabajo: como se ve en este adorable video, hay personas cuyas tareas en el trabajo incluyen, literalmente, arrastrar a un holgazán panda bebé de su cueva. 

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De lo que podemos ver en el video, se trata de un gordo y pequeño pandita, a quien le tocaba una de las revisiones que los cuidadores le hacen con frecuencia a estos muy preciados especímenes chinos de los osos. Pero él tenía otros planes. No solo se negó a colaborar cuando su cuidador le pidió que saliera, sino que tampoco mostró la más mínima intención de cooperar de ninguna manera. El cuidador tuvo que tomar medidas más drásticas (drásticas para él, maravillosas para nosotros).

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Tomando al pequeño de las piernas, y usando una cantidad mínima de fuerza, el cuidador arrastró al panda hacia la superficie. Aun así, el pequeño se negó a colaborar. El cuidador incluso lo tomó en brazos y levantó, poniéndole sobre sus piernas. Pero el panda siguió en huelga: abandonando su cuerpo como lo haría un títere o un peluche, se dejó caer como un saco de papas.

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Nos cuesta adivinar si el cuidador estaba frustrado. Teniendo en cuenta que su trabajo es lidiar con pandas bebés, no vemos cómo puede generarle la más mínima cuota de estrés. Y en el caso de que llegar a sentirlo, tiene un gordo y peludo panda bebé para abrazar y usar como terapia de relajación.

 

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