Por Lucas Rodríguez
12 noviembre, 2019

El ‘Tragulus versicolor’ es del tamaño de una rata pero se parece a un cervatillo. Apenas se sabe de él, pero al menos no causamos su extinción.

Hay pocas consecuencias más tristes al de otro modo notable progreso de la humanidad, que el daño que le hemos causado al medioambiente, en nuestra alocada carrera hacia el futuro. No solo por el hecho de que constreñir las condiciones de los ambientes del planeta significa un peligro terrible para nosotros mismos, sino que también porque no estamos solos en este planeta tierra. Un sin fin de animales y otras especies lo habitan con nosotros, especies que no tienen por qué sufrir las consecuencias de nuestra hambre de progreso. 

La inconsciencia a veces a llegado al punto de que especies completas de animales han visto su final a manos de las personas, sea por razones indirectas (la contaminación y destrucción de sus hábitat naturales) como directas (la caza deportiva o por conseguir algún recurso derivado). Los libros de biología están repletos de especies que solían formar parte del mundo, pero que hoy en día ya no se encuentran en ningún lado.

Youtube: Guardian News

La extinción es un proceso del que no hay vuelta. Una vez el último espécimen de cierto animal deja este mundo, ya no hay esperanza para que esta se vuelva a reproducir. Cuando esto ocurre, solo podemos incluir a uno más en la lista de víctimas. Pero de vez en cuando, nos enteramos no tanto de que una especie volvió a la vida, como que la dimos por muerta prematuramente. 

Eso fue lo que National Geographic informó para deleite (y un poco de confusión) de todo el mundo. El Tragulus versicolor, un pequeño mamífero indígena a los bosques de Vietnam que se daba por desaparecido en la línea de fuego, fue avistado por primera vez en 30 años.

SIE/GWC/LEIBNIZ-IZW/NCNP

El Tragulus se parece a un cervatillo, solo que varios, bastantes centímetros más pequeños. Es del porte de un roedor como una rata, solo que con las patas traseras características de las especies más emparentadas con la familia de los caballos. Por supuesto que es una especie completamente única. Lo vulnerable que es, teniendo en cuenta que no es ni un gran cazador ni el más rápido de todos, lo convirtió en un animal que era un candidato lógico a caer vencido por la presión que nuestro estilo de vida le imprime al planeta. 

Global Widlife Conservation

Para dar con esta primera imagen en 30 años del Tragulus, los fotógrafos de animales escondieron una cámara automática, en la que sospechaban podía ser el lugar donde el animalito se moviera. Para dar con este lugar, usaron una técnica muy antigua pero siempre infalible: preguntar a los habitantes locales. En muchas ocasiones, las historias de campesinos o habitantes indígenas de una zona, han llevado a la comunidad científica a poner en duda sus propias certezas sobre un animal al que daban por desaparecido. 

An Nguyen/Global Widlife Conservation

No nos imaginamos la felicidad que debe significar para los conservacionistas el poder destachar a un animal de la lista de extintos.

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