Por Lucas Rodríguez
20 diciembre, 2019

El cono de la vergüenza que llevaba debería ir en el cuello de quienes lo abandonaron.

Adoptar un perro no se trata solo de pasar de no tener un amigo canino en nuestra casa a ahora sí tenemos un amigo canino en nuestra casa. Hay un compromiso que los dueños deben honrar hacia el cuidado de su nuevo compañero de vida. A cambio de su cariño y compañía, las personas aceptamos hacernos cargo de la alimentación y salud de los animales con los que decidimos compartir nuestro paso por este planeta. Si es que no se cuenta con los recursos o la disposición de tiempo para cuidar de una mascota, lo mejor es no hacernos cargo de uno. Un perrito, gato o lo que sea, no es un juguete: es un ser vivo que se merece cuidado y cariño. 

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Las historias de personas que simplemente deciden que ya no quieren hacerse cargo de las mascotas a las que alguna vez les abrieron las puertas de su hogar, son algunas de las que más rabia nos dan. Todo tenemos un corazón lo bastante grande como para reservar un espacio a una mascota. En el peor de los casos, si la situación fuera demasiado drástica, la última opción es asegurarnos de encontrarle un nuevo hogar a esa mascota. Hay que pensarlo así: él nunca nos dejaría solos ni con hambre. 

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Escuchar que una mujer que había salido a recorrer los bosques del estado de Jackson y que se encontró con un perrito abandonado que necesitaba de su ayuda, es una historia que hemos escuchado demasiadas veces; ciertamente, más de las que deberían ser, teniendo en cuenta que la crueldad animal es algo que todos entendemos como un crimen.

El perro en cuestión era un pastor alemán. Estaba muy desnutrido y necesitaba varias curaciones y tratamientos médicos.

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Quizás lo peor de todo era que tenía amarrada a su cuello, uno de los así llamados “conos de la vergüenza”. Estamos hablando del artefacto plástico que va al cuello de nuestra mascota, para que no se lama o trate de sacar los puntos luego de haber tenido que ser operado o intervenido.

El perrito fue acogido y llevado al centro de ayuda de Mendocino, donde se le revisó el cuerpo para ver si tenía un chip. Al dar con su información, se dieron cuenta que no había sido actualizada desde el 2015. Era muy probable que el pobre cachorro llevara varios años vagando por los bosques y carreteras del estado. 

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El cachorro ya está siendo cuidado, al mismo tiempo que se está buscando quien le dé un nuevo hogar.

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