Por Lucas Rodríguez
31 julio, 2019

La primera vez, su dueña lo consideró divertido. Ahora ya le está empezando a irritar. Nunca juzgues a un cachorro por su ternura.

Nada ni nadie es más leal y atento con nosotros que los perros. Por algo se han ganado el apodo de “el mejor amigo del hombre/mujer”. Pero seamos honestos: los perros salchicha operan al margen de la ley, un poco como esos peligrosos detectives privados que no juegan por las reglas, pero consiguen resultados. No solo tienen una forma que desafía cualquier diseño apuntado hacia un rendimiento aerodinámico, sino que también vienen equipados con unas personalidades un poco demasiado autónomas para funcionar bien junto al resto del planeta. 

También son terroríficamete tiernos. Cómo no van a salir mal las cosas.

Facebook: Ray Chul

El caso del perro salchicha de Rachel Silverstein, quien compartió su historia por Facebook, es uno que camina la muy tenue línea que separa a las bromas de la crueldad. Partamos por decir que Freida, la salchicha, es el centro del universo de Rachel. Ambas se adoran y viven solo una para la otra.

Facebook: Ray Chul

Dicho eso, ni todo el cariño del mundo es capaz de detener la pulsión bromista de Freida.

Cuando Rachel llegó a su casa un mediodía, llamó a Freida como siempre lo hace. Pero esta vez, no recibió respuesta. Repitió el llamado: mismo resultado. Rachel comenzó a recorrer su departamento, llamando con su voz a la perra salchicha mientras levantaba cojines y movía sillones, en busca de esa elusiva perrita. Cuando ya habían pasado cinco minutos sin que ella le respondiera, Rachel se comenzó a desesperar. Recordemos que Freida es el centro del universo de Rachel. 

Facebook: Ray Chul

Cuando las lágrimas ya estaban comenzando a subir a sus ojos, notó algo raro en un balde de madera donde guarda los juguetes de la perra salchicha. Junto a los peluches, había un hocico que se veía más real de lo que deberían verse esas cosas. Cuando se acercó y lo tomó, sintió que se movía. Era su Freida, quien rápidamente salió de su escondite para sorprender a su dueña. 

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Rachel abrazó a su perra y convirtió con ella lo divertido de su broma. Pero cuando un par de días después, Freida volvió a desaparecer, se dio cuenta que estaba frente a una perrita que disfrutaba un poco demasiado de llevar a su dueña al extremo de la angustia. 

No es que esto vaya a poner en peligro el vínculo que une a dueña y su cachorra, pero va a obligar a que se pongan un poco más estrictas las reglas del hogar. A menos que Freida comience a tomar consciencia de que el cariño debe ganárselo y no darlo por sentado, las cosas puede que se ponga algo complicadas. O no. La verdad es que Rachel la quiere tanto, que es capaz de perdonarle lo que sea. 

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Y qué hacer contra esas patitas y esos ojos enormes.

 

 

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