Por Lucas Rodríguez
8 octubre, 2019

Los perros y gatos llevan siglos domesticados, pero los otros animales merecen vivir en la naturaleza.

Con lo acostumbrados que estamos hoy en día a compartir nuestras vidas con todo tipo de animales, no dedicamos un solo segundo de nuestras vidas a darnos cuenta de todo el trabajo y proceso que llevó a que un animal, una criatura diseñada para vivir en el exterior y sobrevivir por sus propios medios, a dejar de lado sus instintos y acostarse a tu lado en la cama o rogar para que lo alimentes en su platito con dibujos de huesos. Los perros llevan varios miles de años domesticados, mientras que los gatos algo menos, pero aun así, una cantidad enorme de tiempo compartiendo con nosotros.

Esto mismo es lo que vuelve tan cruel (y peligroso) cuando las personas asumen que todos loas animales son iguales. Que basta con meterlos a nuestras casas para que se vuelvan dóciles y compartan las siestas con nosotros. Menos aun si estamos hablando de un felino de gran tamaño acostumbrado a vivir en libertad.

El Tribuno

La historia que figuró en El Tribuno es un ejemplo de lo que no hay que hacer con los animales salvajes. Un pequeño cachorro de puma había sido secuestrado de su camada en la naturaleza y llevado a una casa particular en Buenos Aires, Argentina. Teniendo en cuenta que estos animales alcanzan grandes tamaños, además de desarrollar garras, dientes y reflejos con los que son capaces de rasgar la tráquea de un ser humano es cosa de segundos, la decisión había sido una tan cruel como peligrosa. No había manera de que un animal así encontrara la vida que le correspondía en una situación de cautiverio forzoso. 

El Tribuno

Por suerte para el pequeño felino, los vecinos se percataron de que unos gemidos fuera de lo común salían de la casa a su lado con demasiada frecuencia; y que a pesar de que no les sonaban a un animal conocido, podían darse cuenta claramente que eran llamados de auxilio. La brigada de protección de animales llegó a la vivienda, tomando al puma y llevándoselo a un lugar donde pudieran revisar su salud y planear su reinserción en el mundo salvaje.

La familia que separo al felino de la vida que le correspondía, fue multada acorde con su crimen. Dentro de todo, lo que habían hecho era secuestrar a un ser vivo con el único fin de generarse entretenimiento y tener una mascota exótica descansando en su sala de estar.

El Tribuno

Para amar al mundo animal, primero hay que aprender a respetarlo.

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