Por Lucas Rodríguez
13 marzo, 2019

El pequeño ladrón de 6 mese se coló a un gallinero en Francia. Pero quedó atrapado, por lo que no pudo huir de la venganza de las que debieron haber sido su almuerzo.

Ah, Francia. Tierra de vinos, arte y campos de girasoles. Hogar de la capital del diseño y la moda, donde las mujeres caminan vistiendo con impunidad los atuendos que el resto solo vemos con envidia en las revistas. 

Pero ahora Francia puede agregar un nuevo detalle a su resumen de atracciones: la tierra donde las gallinas no temen enfrentarse a sus depredadores naturales. Esto se debe a la reciente noticia, que incluso llegó a ser reporteada por el Guardian, sobre un gallinero que decidió dar vuelta los roles de depredador y presa. 

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La historia comienza con un pequeño zorro de seis meses, hambriento y desesperado. Como muchos de su clase, aprovechó tanto la caída del sol como un descuidado de los cuidadores para colarse en un gallinero. Desgraciadamente, este contaba con un sistema de cierre electrónico, lo que significaba que el zorrito no podría salir hasta el otro día. 

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Apenas las gallinas se percataron del riesgo que corrían, decidieron que no iban a dejar a ninguna de sus compañeras atrás. Lanzándose sobre el zorro, las gallinas abandonaron el miedo que las caracteriza desde siempre. Superado en número, el zorrito intentó defenderse, encontrándose con que la lluvia de picotazos era más de lo que podía soportar. 

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Al otro día, los encargados del gallinero fueron a soltar a sus animales, notando algo anormal en un rincón. El pequeño zorrito yacía sin vida, con un centenar de picotazos sangrantes repartidos por su pelaje. Incapaces de creer lo que veían, decidieron empezar a vigilar mejor a esas gallinas. 

No fuera que empiecen a darse atribuciones y decidan tomarse la casa de los cuidadores. Después de todo, son en lo que se convirtió el T-Rex.

 

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